Natividad Sánchez

Anticipa tus vacaciones: el arte de viajar sin prisa

Al final, viajar barato es una mezcla de calendario, paciencia y decisión. No se trata de tener dinero, sino de saber cuándo moverse

En tiempos donde todo parece subir de precio sin previo aviso, desde el aguacate hasta la gasolina, viajar se ha convertido en un acto de fe y de estrategia. Quien sigue creyendo que puede encontrar ofertas de último minuto como en los viejos tiempos, termina pagando el doble por el mismo asiento incómodo y la misma habitación estándar. Por eso, planear con anticipación ya no es una recomendación: es la única forma de que el viaje salga más barato, más amable y, muchas veces, incluso más memorable. Así que manos a la obra, estamos en enero y el tiempo pasa volando, tal es que ya esta terminando. La clave está en entender que el turismo se mueve por temporadas y que los precios viajan igual que los aviones: suben cuando todos quieren volar y bajan cuando nadie despega. Las temporadas altas: Semana Santa, verano, diciembre, puentes largos, fines de octubre con Día de Muertos y hasta septiembre, cuando muchos mexicanos aprovechan para escaparse, son sinónimo de tarifas elevadas, poca disponibilidad y restaurantes con listas de espera eternas. En cambio, las temporadas bajas funcionan como una especie de “modo ahorro”: vuelos más económicos, hoteles que de verdad quieren consentir al huésped y ciudades que se dejan recorrer sin empujones. Para aprovechar esa diferencia, hay que agendar con meses de distancia, incluso cuando uno siente que apenas está cerrando el año anterior.

Muchas agencias de viajes lanzan promociones irresistibles a principios de año para viajar en junio o julio, o incluso para reservar en enero unas vacaciones decembrinas sin sufrir el golpe de los precios inflados. Es el momento perfecto para atrapar descuentos en tours, paquetes de hospedaje, circuitos guiados y experiencias que, si se toman a última hora, se vuelven impagables. Lo mismo pasa con aerolíneas que liberan tarifas más bajas cuando se compra con tres, cuatro o hasta seis meses de anticipación. No es magia: es planificación. Anticiparse también permite jugar con la flexibilidad. Elegir vuelos entre semana, viajar un miércoles en lugar de un viernes, dormir en un hotel boutique en lugar de uno de cadena, o reservar un departamento para preparar parte de tus comidas y no depender del restaurante más caro de la playa. Incluso los tours suelen tener mejores precios cuando se reservan en línea con tiempo, especialmente los de alta demanda como recorridos en barco, experiencias gastronómicas o entradas con horarios específicos en ciudades muy visitadas.

Queridos lectores, planear no quiere decir encadenarse. Significa saber qué días del año conviene comprar y cuáles conviene aprovechar para viajar sin pagar de más. Significa conocer que un boleto comprado en febrero para un viaje en octubre puede costar la mitad, que un hotel para Semana Santa reservado en noviembre parece una ganga, y que un tour reservado con anticipación garantiza no solo precio, sino lugar. Al final, viajar barato es una mezcla de calendario, paciencia y decisión. No se trata de tener dinero, sino de saber cuándo moverse. Porque viajar sigue siendo una de las pocas cosas que compramos y nos hacen ricos, pero no hay por qué pagar de más por esa riqueza. Si queremos verdaderamente disfrutar de nuestros días libres sin remordimientos financieros, más vale asumir que el secreto no está en buscar ofertas milagrosas, sino en planear como quien traza una ruta: con tiempo, con cabeza fría y con ganas de que el viaje comience desde el momento en que hacemos clic en “reservar”. ¡Que no se les vaya el tiempo!

Periodista y conductora

Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022

Otorgado por la OMPT

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