Una de las primeras formas de acercarse a estudiar un fenómeno social es midiéndolo. Si no conocemos con certeza la intensidad o amplitud con la que se presenta, es difícil determinar si amerita ser atendido y, si así lo fuere, qué tipo de política pública podría diseñarse para hacerle frente.
Un problema social que definitivamente requiere de intervención es la discriminación; sin embargo, es también conocido que no existe una sola forma de discriminar: a veces se discrimina por el color de piel, otras por la talla o peso; o bien, por el nivel socioeconómico de las personas. En otras palabras, no existe una sola discriminación, sino distintas discriminaciones que responden a diferentes estigmas.
En México la discriminación se ha medido desde hace muchos años. Los resultados de la última Encuesta Nacional de Discriminación indican que la mayor prevalencia se encuentra en la discriminación por tono de piel (13.1%), por peso o estatura (27.5%), por clase social (16.5%), por el lugar donde se vive (15.7%) o por creencias religiosas (19.9%) entre las más altas. Sin embargo, después de una revisión de los resultados, se detectaron algunos problemas fundamentales en el diseño de los instrumentos de medición utilizados, pues las escalas que la integran no tienen reporte alguno de validez (¿es un instrumento adecuado para lo que se busca?) y confiabilidad (¿realmente está midiendo lo que se quiere medir?) que hayan sido obtenidos a partir de un piloteo cuantitativo o cualitativo.
En la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) aplicamos un Análisis Factorial Exploratorio utilizando los métodos de mínimos cuadrados ponderados y por ejes principales para evaluar qué tan fiables son las escalas utilizadas por la Enadis para medir la discriminación y los resultados fueron algo desalentadores, pues de 11 escalas seleccionadas sólo dos arrojaron resultados adecuados tras eliminar sólo un par de reactivos. Esto quiere decir que si bien podemos tener una idea aproximada de cómo se comporta la discriminación en el país, dicha idea no es tan fiable como pensábamos.
Este problema converge con otro: la Enadis mide actitudes, experiencias y percepción de discriminación, colocando el acento en distintas formas en que se presenta el fenómeno; por ejemplo, la disposición a rentar una vivienda a personas usualmente discriminadas (actitud); los obstáculos en distintos ámbitos para ejercer derechos como obtener un crédito (experiencias) o la percepción de discriminación por tono de piel, peso o sexo (percepciones), que se mezcla con la dimensión anterior. Todo esto resulta disperso y nos lleva a pensar que la investigación conceptual se ha distinguido por su falta de claridad.
La discriminación es un problema social grave y que tiene consecuencias a corto, mediano y largo plazo. Debe abordarse con la seriedad que merece.
Docente Investigadora.
Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Querétaro























