Durante el evento propagandista que organizó la titular del Ejecutivo federal en el Monumento de la Revolución, luego de las críticas acostumbradas, aseguró: “aquí no hay espacio para la corrupción, ni para los privilegios y excesos que durante décadas ofendieron al pueblo” (sic); y “se practica la democracia” (recontra sic). Luego vino la rebuscada victimización —en un manipulado nacionalismo, recurso artificioso ante las acusaciones de narcopolítica a varios de los suyos—; la defensa de la soberanía —según guión populista—; la duda respecto al interés estadounidense en el caso Rocha Moya: “porque primero, hay que tenerlo claro: vienen por unos, luego por otros”. Y la pregunta obligada es ¿qué es lo que no podemos permitir: la petición de extradición de los imputados (por corrupción y narcotráfico); qué vengan otras más de criminales morenistas que debieran estar en la cárcel; o ambas? Porque no se observa que alguien solicite intervención norteamericana. Aunque, expuso: “nunca vamos a defender la corrupción ni la colusión con el crimen”. Esto, a pesar de que los hechos la cuestionen.
También señaló: “México no admite la injerencia en nuestros asuntos internos, porque nosotros no nos entrometemos en los asuntos internos de otras naciones”. Esto, sin importar que cuando fue a Barcelona respaldó a la expresidenta populista Cristina Fernández de Kirchner. “Mucha fuerza, Cristina, estamos contigo”; y sostuvo un cartel con la figura de la ex mandataria —sentenciada por corrupción—, donde se leía “Cristina Libre”. Asimismo, recientemente, sobre el proceso electoral colombiano: “vamos a mantenernos escuchando, obviamente, pues hay una afinidad a las propuestas y lo que representa el partido del presidente Petro e Iván Zepeda. Hay que tener respeto por la decisión del pueblo colombiano, pero es importante que se llegue hasta lo último en esta denuncia que él está haciendo, de un posible fraude”.
Conviene destacar la participación en el mitin de siete miembros de la Tremenda Corte del Acordeón, incluido el ministro presidente, confirmando su sometimiento y pertenencia.
Vino la carta del demagogo de Macuspana: apoyo para Sheinbaum, pues “funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México, (…) el Trump de ahora es distinto al que traté (… que) rectifique”. Así, confirma delirios y temores.
La verdadera defensa de la soberanía nacional exige proteger al país del crimen organizado —morenistas, incluidos—; evita creación de enemigos por intereses de grupo o partido —también electorales—, para justificar o encubrir; impide engaños convenencieros “al pueblo”; y, aplicar la ley a los suyos; entre otros imprescindibles.
El oficialismo lopezobradorista busca imponer una insostenible y convenenciera narrativa. Rocha Moya y morenistas —aún no entregados—, se sienten protegidos e impunes por su cercanía y/o complicidad con el grupo en el poder. Soberanía, sí; pero, no a la defensa de criminales de su partido.