Claudia Sheinbaum Pardo ganó la aprobación de su propuesta electoral —diezmada—, y pierde la oportunidad de participar legal e impunemente en las próximas elecciones; y el sistema democrático —si todavía así se puede llamar—, perdiendo ganó la posibilidad de que los siguientes comicios no estén tan amañados por la injerencia de la presidenta en la boleta.
El cuestionado Plan B, que se aprobó disminuido y que encabezó la titular del Poder Ejecutivo, constituye otro descalabro para el lopezobradorismo (recordemos que a principios de mes en la Cámara de Diputados se rechazó la primera iniciativa de reforma electoral), a pesar de que simulan presentarlo como logro —entre morenistas y verdes—, dado que el Partido del Trabajo, aunque apoyó ciertos aspectos en el senado, se desmarcó y —junto con opositores— provocó su fracaso, por ahora.
A ello obedece esta expresión de molestia presidencial: “La revocación de mandato existe, pero no se aprobó que fuera en el mismo año que elecciones intermedias, ¿por qué negar esta posibilidad?, ¿qué problema tiene? Ninguno, por eso pienso que no es bueno para el país que no se haya aprobado”. Lo que no es positivo para México es la notable regresión democrática, animada desde un gobierno que pretende ser juez y parte también en las elecciones, favoreciendo a Morena como partido de Estado, al que no le quita privilegios ni ventajas, por el contrario.
Al respecto, EL UNIVERSAL oportunamente informó: “Lo que se desechó de la iniciativa presidencial fue la reforma al artículo 35 de la Constitución, en la que se pretendía adelantar la consulta para la revocación de mandato en el 2027, año que coincide con las distintas elecciones en el país”; y, en caso de ser solicitada, “se llevará a cabo hasta 2028 y no como se planteó originalmente que sería el primer domingo de junio del tercer o cuarto año de gobierno, es decir, en 2027 o 2028”.
Esto impide, formalmente, que Sheinbaum vaya en campaña por su partido —inclinando la competencia al encabezar la maquinaria—, aunque es previsible que tienda a hacerlo, como lo hace cotidianamente. Y, aun más, como lo hizo el demagogo de Macuspana sobre la ley y la exigible neutralidad desde la presidencia.
La autora de la iniciativa no pudo ocultar su incomodidad contra petistas —que apoyaron en lo general—, pero no aprobaron el artículo 35; el de Sheinbaum en la boleta electoral —el más relevante para el oficialismo—, por lo que les envío este mensaje: “más allá de la alianza o no la alianza (sic) —dijo—, pues eso va a ser sancionado por la gente”. Sin embargo, no rompió con el Partido del Trabajo, y seguirán en coalición.
Esta derrota —que dicen que no es derrota— muestra el afán gubernamental por mayor control electoral, desde una tramposa reforma en beneficio del grupo morenista, y no en favor de contiendas equitativas.
Al anterior rechazo de la propuesta de Sheinbaum contra el nepotismo a partir de 2027 —que finalmente aplazaron hasta 2030—; habrá que sumar ahora el rechazo de Verde y PT —primero—, y de este último solo, al final. Total, ganando perdió.