Miguel Ángel Vichique

Reforma electoral, más poder para el oficialismo

Son muchas las voces que advierten sobre esta maniobra que empujan desde Palacio Nacional

La reforma electoral propuesta por el Ejecutivo busca acrecentar su poder; promover la continuidad del modelo autoritario y antidemocrático; tener mayor injerencia en las elecciones; castigar a partidos opositores; restringir el pluralismo y la representación; y, favorecer a Morena como partido de Estado. Todo ello, con supuestas buenas intenciones que evidentemente rechazan los partidos opositores y descalifican, incluso, los aliados. No obstante, Sheinbaum dijo: “para mí ya es una victoria”. Quizás porque, ante la muy probable derrota de estas reformas constitucionales en el Congreso, ya prepara lo que llaman Plan B, al más puro estilo lopezobradorista. No olvidemos, además, que ahora cuenta con la Tremenda Corte, la del Acordeón.

Existen críticas a la iniciativa que viene de Presidencia, debido al apoyo de Sheinbaum a medidas regresivas durante el sexenio de su mentor y el actual (sobrerrepresentación, reforma judicial, “acordeones”, colonización y debilitamiento de instituciones, desaparición de contrapesos, etc.), y a la cuestionable trayectoria —si no de todos, sí de la mayoría— de quienes intervinieron en su redacción y gestión.

Son muchas las voces que han advertido sobre esta nueva maniobra oficialista que, aunque desgastada, siguen empujando desde Palacio Nacional. La reforma que buscan imponer no aporta certezas democráticas y equitativas ni oculta sus verdaderos propósitos hegemónicos al pretender modificar reglas electorales. Incluye intencionalmente ambigüedades, y deja de lado aspectos fundamentales como, por ejemplo, sanciones severas y determinantes con relación al dinero sucio y apoyos del crimen organizado, personajes, sectores y autoridades interesadas para campañas políticas, y sus graves consecuencias.

La posición de no apoyar del Partido del Trabajo y del Verde tampoco obedece necesariamente a convicciones democráticas —recordemos que han sido compañeros de viaje—, pero sí responde a intereses internos en cuanto a beneficios y conveniencias. En este sentido, el coordinador del PT en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval, aseguró que existe la tendencia “a consolidar toda la fuerza en un solo partido político” (sic), y constituye un retroceso. Por su parte, el coordinador nacional electoral del PVEM, Arturo Escobar, manifestó: “Estamos de acuerdo en desaparecer las listas plurinominales, pero para que eso pase sería necesario que todos tengamos el mismo dinero, el mismo acceso a radio y televisión”. O sea, sí con el morenismo, pero no a costa de su sobrevivencia. Ha quedado acordada la disidencia en este tema, y continuará la coalición política con el partido de Sheinbaum.

Como acostumbran, enseñan la zanahoria y ocultan el palo. La estrategia: controlar el mecanismo de acceso al poder manipulando legalidad y capturando cargos, con el apoyo oficialista —a través de artimañas—, para limitar la competencia electoral, evitar alternancias y justificar “legitimidad” de triunfos (por “voluntad popular”, claro). ¡Ah! Sí, en nombre de la democracia, repiten.

Te recomendamos