La crisis de credibilidad y confianza que enfrenta el Instituto Nacional Electoral, como consecuencia de mentiras, corrupción, conflicto de intereses, opacidad y simulaciones de su ahora ex titular, Guadalupe Taddei -quien sepultó imparcialidad, autonomía e independencia-, y del apoyo incondicional del oficialismo morenista -al que se debe-, exhibe y desenmascara a la 4t en su afán de apropiarse del árbitro electoral, para acumular poder y controlar directa e impunemente las elecciones en contra de la ciudadanía y la democracia en este país.
Se trata de un escándalo emblemático -nunca visto en la historia de este organismo electoral- del que no pueden desvincularse: la soberbia y autoritaria Taddei -junto con su red-, no se explica sin Morena, y viceversa. Veamos ángulos esenciales.
Este oficialismo sostuvo todo lo que pudo a la ex consejera presidenta; se benefició de sus decisiones -incluidos sus votos- y, en un increíble acto de negación de realidad, no quiere asumir el desastre de su representante.
Luego de su designación, Andrés Manuel López Obrador, afirmó: “Es una mujer experimentada, vean su trayectoria (…) No la conozco, eh, conozco a su familia, eso sí, y sí son gente progresista y demócratas, y gente honesta; tiene profesionalismo, es honesta, incapaz de actuar como el presidente que está saliendo (Lorenzo Córdoba), es una mujer íntegra, pero además fue examinada por una comisión del Congreso y, por si fuese poco, es producto de un sorteo, lo más transparente que puede haber, eso nunca va a ser aceptado por ustedes (periodistas)”.
Sheinbaum, extraviada –como si fuera la presidenta de Morena, y no de todos los mexicanos-, intentan desvincular lo dicho y hecho por el demagogo de Macuspana. Manifestó: “No, AMLO no la avaló” (sic). ¿De veras? Bueno, también expresó que no son tapadera de corrupción, además -claro- de repartir culpas, generar cortinas de humo, recurrir a la ficción, etc.
Con la contratación gradual de afines al morenismo -en todos los niveles-; en 2024, este partido y sus aliados reforzaron la colonización del INE al modificar la legislación para otorgarle facultades extraordinarias -superpoderes para designaciones directas-, en contra de la colegialidad y los contrapesos. ¿Por qué? Por ser una adepta distinguida que le favorecía, siguiendo aquello de “amor con amor se paga”.
Hay oficialistas alrededor, entre ellos el polémico y camaleónico gobernador de Sonora y presidente del Consejo Nacional de Morena, Alfonso Durazo, que tiene como secretario particular a un hijo de Guadalupe: Luis Rogelio Piñeda Taddei, además de recomendar a otros familiares del “Clan”.
Atrás quedó la defensa ciudadana de los procesos electorales con “El INE no se toca”; el populismo autoritario, antidemocrático y corrupto morenista se impuso y colocó un árbitro deshonesto a modo, sin importarle el daño causado. Como lo ha hecho con otras instituciones. A pesar de ello, no renuncia a su propósito de apropiarse del INE, y, mientras asegura estar limpio, se revuelve en su estercolero y utiliza el ventilador.