Miguel Ángel Vichique

El caso Mayer, exhibición entre morenistas

Al ratificar su pertenencia morenista, recordó lo que podríamos denominar “La Casa de la Impunidad”

Por más que se busque ocultar —y proteger— el conjunto de abusos y errores morenistas, la verdad es que no acaba de presentarse uno cuando ya le sucede otro en su marco de impunidad. Son múltiples y variados, los hay de todo tipo y llegan, incluso, a la farándula. Sobre esta última, tenemos el caso de Sergio Mayer, actor, diputado federal y autor del libro Entre el infierno y el éxito.

Este morenista —que llegó a ser parte de la Comisión de Cultura (sic), y ha manifestado su aspiración por ser senador de la República y/o Jefe de Gobierno de CDMX— pidió licencia por tiempo indefinido, sin goce de sueldo, para participar en La Casa de los Famosos, de Telemundo (y poco tiempo después fue expulsado), lo cual generó polémica por dejar de lado sus funciones legislativas —que formalmente atendió Luis Morales Flores, su suplente y crítico—, y preferir el espectáculo —por interés económico, según confesó—. “Me encanta jugar con fuego y el público decidió que me quemara”, justificó. Y sí, las quemaduras fueron graves, y alcanzaron seriamente a Morena, y puso el foco en varios de sus representantes.

Mayer ya había tenido un desencuentro con el periodista Joaquín López Dóriga, debido a que el comunicador lo cuestionó por proponer y organizar un homenaje a la Sonora Santanera —el “bailongo”—, en un auditorio de la Cámara de Diputados, a pocos días de la tragedia por inundaciones en diversas zonas del país.

“A mí me gustaría mencionar algo —sostuvo—: a mí me invitaron justamente para dar continuidad a la Cuarta Transformación, para estar como diputado. Me invitó la presidenta Claudia Sheinbaum para continuar después de que salí de un reality, justamente después del reality”.

Ante el fuego amigo, sostuvo: “Yo creo que tanto Morena como la Comisión de Honor y Justicia, y como el país, tienen problemas mucho más graves (…) Hay presuntas acusaciones de nepotismo, de violencia política, de agresiones sexuales, de uso de recursos públicos, de peculado, de muchísimas otras cosas que, yo creo, la comisión (…) debe estar con mucho trabajo como para darle tanta importancia a un tema que me parece menor…”.

Al poner el dedo en la llaga y ratificar su pertenencia morenista, indirectamente recordó lo que podríamos denominar “La Casa de la Impunidad”, donde se encuentran varios de sus compañeros (también famosos por señalamientos de ineficiencia, corrupción, vinculación con crimen organizado, etc.). Cada atropello tiene nombres dentro de su instituto político. La lista es larga.

La Comisión de Honestidad y Justicia suspendió provisionalmente sus derechos partidistas por “no actuar como digno representante”. Esto ha generado burlas, y no por lo que hizo el actor, sino porque existen importantes morenistas en el mismo supuesto y no les ha pasado —ni les pasará— absolutamente nada. Más allá de este caso, estas comisiones (¿de honestidad y justicia?, ¡y en Morena!) sirven para muy poco, pues sólo ocasionalmente —como simulación— ajustician según conveniencias circunstanciales. Así, el capítulo de telenovela guinda.

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