Poco antes de la inauguración del mundial, se cumplió el primer aniversario de la “elección popular” de ministros, magistrados y jueces – desaseada imposición oficialista contra la división de poderes-que ha confirmado temores y riesgos que se preveían. Esto -que nació del interés lopezobradorista para favorecer la concentración de poder-, constituye una lamentable regresión democrática e institucional.
Diseñaron y aprovecharon la complejidad, sin la posibilidad real y efectiva para que los votantes contaran con información suficiente para ejercer su voto en condiciones de equidad, certeza y legalidad. La discrecionalidad llegó a niveles escandalosos, pues, antes la farsa electoral, ya se repetían nombres de quienes, inevitablemente, resultarían ganadores.
Conforme a la “Crónica de la captura del Poder Judicial en México. Memoria de la primera elección de personas juzgadoras”, de la Fundación para la Justicia: “Todas las candidaturas que ganaron en la elección de la SCJN, del TDJ y del TEPJF aparecieron en los acordeones, lo que corroboró su vínculo partidista. Además, el 43% de las candidaturas ganadoras a nivel federal, fueron promovidas únicamente por el comité de evaluación del Poder Ejecutivo. Si se suman aquellas candidaturas vencedoras que fueron propuestas por más de un comité, la cifra asciende a 59%. La evidencia permite afirmar que la elección judicial fue controlada desde un principio por el poder con el fin de colocar personas cercanas al oficialismo”.
La Tremenda Corte del Acordeón, además de garantizar las decisiones importantes para el oficialismo, exhibe limitaciones, extravíos e impericias. Y qué decir de sus privilegios, los mismos que criticaron respecto al pasado, y que hoy gozan impúdicamente, deslegitimando el discurso oficial. Han protagonizado capítulos inolvidables, desde un ministro presidente al que colaboradores le limpiaron los zapatos, pasando por grotescas manifestaciones de ignorancia, poca productividad, camionetas “machuchonas”, viajes en clase ejecutiva y opacidad. De austeridad, nada.
Cómo estarán las cosas que el ex panista y ahora al servicio del morenismo, Javier Corral, durante un foro para conocer la opinión de expertos, leyó: “hay que prevenir a toda costa la captura partidista de las candidaturas, el nuevo clientelismo político-judicial y el uso nocivo de los mentados acordeones. A esto se sumó una dificultad genuina para la ciudadanía: elegir entre perfiles poco conocidos, con información limitada, sin herramientas para distinguir preparación o experiencia”.
Ni “democratizaron”, ni mejoraron -como prometieron- un poder que debería funcionar con autonomía, respeto a la carrera judicial, rigor técnico, reconocimiento al profesionalismo y la especialización, capacidad y mérito. Subordinaron el derecho y la independencia judicial a la voluntad presidencial, como exigió López Obrador, no como necesita México.
A un año de la subordinación judicial, la simulación continúa dentro de lo que, según Sheinbaum, es “el país más democrático del mundo” (sic).