Nació dos meses después de la invasión nazi a Polonia, acontecimiento con el que comenzó la Segunda Guerra Mundial. Ana Mae Bullock sería —sin saberlo— protagonista de la transformación de un siglo atroz. En Brownswille, Tennessee, la igualdad racial era impensable. Pero Estados Unidos debía transitar por una prueba extranjera antes de resolver los problemas domésticos. En diciembre de 1941, después del ataque a Peal Harbor, declaró la guerra al Eje.
Los años de la infancia temprana de Ana estarían marcados por los efectos del conflicto.
Miles de los enviados al frente eran afroamericanos y muchos otros trabajaron en la industria de armamento. Estados Unidos, que había tratado de sobrevivir al New Deal, estaba a punto de sufrir uno de sus grandes cambios. Al final de la Guerra, en agosto de 1945, con el estallido de dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, la cultura negra en la Unión Americana ya era otra.
En el jazz, en el blues, en Hollywood y en el deporte profesional ya jugaban un papel principal, aunque en las calles, en los restaurantes y en los espacios públicos ese protagonismo no se traducía en una vida “similar” a la de los blancos.
Cuando Little Ann —su primer nombre artístico— ya grababa discos de R&B, los negros ya habían encontrado espacios en el beisbol y en el baloncesto de paga. Eran los finales de los fabulosos 50, en los cuales la cultura negra avanzaba con una velocidad impredecible. En 1960, Cassius Clay (nacido en 1942) se hizo de la medalla de oro del boxeo semipesado de los Juegos Olímpicos de Roma. En ese año, Little Ann, se convirtió en Tina Turner, icono del poder negro y femenino durante el resto de sus días.
Como Aretha Franklin, también participaría activamente en dos luchas sociales: la igualdad racial y la emancipación de la mujer en la toma de decisiones en Estados Unidos.
Víctima de abusos de todo tipo de su marido Ike Turner, Tina tuvo que soportar en propia persona violencia y vejaciones de un adicto a la cocaína. Mucho tiempo después de su boda reveló las terribles condiciones que vivió durante muchos años.
Mientras Martin Luther King, Malcom X y Muhammad Ali alentaban la batalla por la igualdad en Chicago, Nueva York, Washington y otras muchas ciudades de la Unión, Tina se debatía ante su propio infierno en casa, como lo padecieron —con guardadas distancias— Ella Fizgerald, Aretha o Donna Summer: emblemas de la fortaleza femenina que hicieron posible la visibilidad de un fenómeno cada vez más reprochable: el machismo y la desigualdad de género en muchas comunidades de la Unión Americana.
La recién fallecida, Tina Turner, fue un ejemplo de acción, de resistencia y de coraje. Logró montarse en la cima de la música pop a todo pulmón. Y no solo eso, también fue un himno para las generaciones que siguieron sus éxitos, sus actuaciones y sus testimonios. Abrió la Turner un camino no sólo para las jóvenes afroamericanas sino para las de todo el mundo.
Temperamento químicamente puro, Tina es testigo de primer orden de un convulsionado siglo en que parece haber sucedido todo. Turner debe ser reconocida como una superviviente, como un estandarte y como una voz activa en la lucha por la igualdad en todos los campos culturales.
Twitter: @LudensMauricio