El cierre del año suele concentrar muchas decisiones de una empresa, pero esperar hasta diciembre para revisar sus números puede dejar poco margen para corregir errores o tomar decisiones que permitan aprovechar los beneficios y estímulos fiscales que las leyes y la Miscelánea Fiscal contemplan a favor de los contribuyentes, por eso, octubre es un buen momento para realizar un precierre fiscal: una revisión anticipada de la contabilidad y los impuestos que permite estimar cómo podría terminar el ejercicio y tomar decisiones antes del 31 de diciembre.
El precierre no significa presentar antes la declaración se trata de que con la información disponible, se proyecten cifras al cierre, detectar diferencias, corregir lo necesario y aplicar estímulos y beneficios fiscales. Así, la empresa puede anticipar cuánto ISR podría pagar.
Uno de los primeros pasos es comparar los ingresos en la contabilidad con las facturas emitidas y los pagos provisionales presentados ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Si existen diferencias, conviene identificar su origen. También es importante revisar las facturas de gastos, estén vigentes, cuenten con documentación para deducirse, ya que no basta con tener una factura sino que deben cumplirse los requisitos fiscales, demostrar que la operación ocurrió y que existe una razón de negocios. Una deducción que no cumpla estas condiciones podría ser rechazada por la autoridad y aumentar el impuesto a pagar.
El precierre también permite revisar saldos bancarios, inventarios, cuentas por cobrar y deudas con proveedores. Por ejemplo, si la contabilidad registra mercancía que ya no existe físicamente o hay facturas pendientes de cobro desde hace mucho tiempo, conviene investigar y realizar los ajustes con el soporte adecuado.
Además, las empresas pueden estimar su utilidad fiscal, revisar las pérdidas de años anteriores que todavía puedan utilizarse y calcular conceptos como la depreciación de sus activos y el ajuste anual por inflación. Con esta información, pueden anticipar sus necesidades de efectivo y evaluar decisiones pendientes sin recurrir a gastos innecesarios.
Un detalle que a veces se pasa por alto es que la revisión contable y la fiscal no siempre producen el mismo resultado. Un gasto puede estar registrado correctamente en los libros, pero no cumplir los requisitos para deducirse. Por eso, ambas revisiones deben hacerse en conjunto y respaldarse debidamente.
Realizar este ejercicio con anticipación puede ayudarnos a ahorrar impuestos, pagando conforme a las leyes y los beneficios implícitos en las mismas, detectar riesgos y evitar correcciones de última hora. Lo recomendable es trabajar con el área contable o un asesor fiscal, revisar pendientes y documentar cada ajuste.
El precierre es una herramienta para que cualquier empresa llegue al final del año con información clara y pueda tomar decisiones a tiempo. Esperar hasta que termine el ejercicio puede significar descubrir demasiado tarde un error que pudo corregirse antes.