Hace unos días, en una reunión con amistades la conversación giró alrededor del nido vacío, esa etapa de la vida que experimentan muchas mujeres que se han dedicado de tiempo completo a la crianza cuando los hijos e hijas se van.
“Es algo no que experimentan los hombres”, me decía una de ellas. “Ellos siguen haciendo sus vidas porque tienen proyectos personales, propios. A muchas mujeres nos enseñaron que ese es nuestro único propósito, y cuando ya no tienes a quien cuidar o atender no sabes qué hacer con tu vida.” Otra de las compañeras comentó que efectivamente, a ella la convencieron de que nunca podría retomar su profesión cuando sus hijos se fueran. Nadie le dijo lo difícil que sería llenar su vida cuando solo se había dedicado al hogar, “Estoy casada pero estoy sola”.
Decidir ser madre pareciera fácil. La realidad es que para muchas mujeres la posibilidad de decidir con total libertad maternar o no nunca existió. Ya sea debido a la falta de educación sexual integral, lo que no les permitió saber de la existencia de métodos anticonceptivos o el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Ya sea por la presión social y familiar que les enseñó que la maternidad era un destino ineludible o por doctrinas religiosas que propagaron que el decidir el número y esparcimiento de los hijos e hijas es un pecado, muchas no tuvieron la posibilidad de elegir ser madres.
Para muchas mujeres ser mamá se convirtió en destino y único fin. Muchas pospusieron o de plano abandonaron proyectos personales porque eso es lo que se esperaba de ellas. En muchos casos se les impuso la maternidad como castigo por ejercer su sexualidad o por no resistirse en casos de abuso sexual o violación.
La maternidad elegida significa que las mujeres pueden decidir libremente ser madres o no serlo, cuando serlo y cuantos hijos e hijas tener. La maternidad elegida incluso considera la interrupción del embarazo como un derecho. La maternidad elegida es una manifestación del ejercicio pleno de la autonomía.
Poder decidir con libertad requiere de que el Estado cumpla con su obligación de promover, respetar, proteger y garantizar el ejercicio pleno de los derechos humanos. Esto incluye proporcionar educación sexual integral, libre de prejuicios, dogmas y estereotipos para todas las niñas y mujeres de México. Incluye el acceso libre y gratuito a servicios de salud y métodos anticonceptivos. Incluye el acceso a servicios seguros e higiénicos para las mujeres que deciden interrumpir sus embarazos. Las autoridades deben proveer de estancias infantiles y escuelas de tiempo completo para que las mujeres puedan laborar fuera sabiendo que sus hijas e hijos están bien.
El hecho de que una mujer tenga la capacidad de gestar no la obliga a hacerlo. Es una decisión personal y privada, que no compete a nadie y por tanto nadie tiene derecho de opinar o decidir por ella. Ser madre debe ser una decisión tomada en libertad, nunca una imposición social o familiar.
Titular de Aliadas Incidencia
Estratégica e integrante de la
Red Nacional de Alertistas.
Twitter: @mcruzocampo
FB: maricruz.ocampo