Maricruz Ocampo Guerrero

Machismo en los negocios

En los negocios, igual que en otros aspectos de la vida, la desigualdad, discriminación y violencia también están presentes. Se esconden en la interrupción constante, en la explicación condescendiente o en la manera en que se exige comprensión y compromiso a una mujer, mientras se justifican la irresponsabilidad y el incumplimiento de los acuerdos de un hombre.

Estas formas de conducta, que transmiten y reproducen la desigualdad de género mediante acciones cotidianas y sutiles que han sido normalizadas, se conocen como machismos cotidianos y forman parte de la violencia simbólica. Entre los más comunes se encuentra el mansplaining que ocurre cuando un hombre explica a una mujer, con tono de superioridad y condescendencia, algo que ella conoce mejor que él, o cuando convierte una conversación profesional en una lección innecesaria.

El manterrupting aparece cuando un hombre interrumpe a una mujer repetidamente o le quita la palabra. El bropriating ocurre cuando él se apropia de las ideas, resultados o trabajo de ella. El gaslighting es la conducta más insidiosa: consiste en negar hechos, tergiversar conversaciones o hacer que la otra persona dude de su memoria, de su criterio y de su propia percepción de la realidad.

En los círculos empresariales, estas prácticas aparecen cuando un acuerdo claro se convierte en “una confusión” de ella; cuando reclamar un pago atrasado se transforma en “falta de empatía” , y cuando una promesa incumplida termina siendo responsabilidad de quien se atreve a exigirla. La mujer que reclama el cumplimiento de lo pactado es conflictiva; el hombre que incumple es víctima de las circunstancias.

Otro aspecto revelador de estas conductas es el cambio de tono. Mientras todo marcha según los deseos del hombre en el poder, hay cordialidad. Pero cuando ella formula una pregunta legítima, exige una fecha o pide que se respete un compromiso, recibe irritación, silencios, amenazas veladas o ataques personales. Él no responde al argumento: desacredita a la mujer que lo plantea.

Para reconocer estas señales es necesario observar los patrones. ¿Interrumpe más a las mujeres que a los hombres? ¿Se apropia de sus ideas? ¿Espera que ellas sean comprensivas y castiga su firmeza? ¿Cambia las reglas cuando llega el momento de cumplir lo acordado? ¿Utiliza su posición económica o jerárquica para imponer silencio?

La desigualdad prospera en los negocios cuando no se documentan los acuerdos, las fechas y las conversaciones; cuando no hay confirmaciones por escrito; cuando el lenguaje es impreciso y cuando se entra en discusiones absurdas para desviar el tema. Pedir respeto, claridad y cumplimiento no es agresividad: es asertividad.

En cualquier negocio, el profesionalismo debe medirse por la capacidad de cumplir la palabra dada, escuchar activamente sin interrumpir y asumir la responsabilidad por nuestros actos y conductas.

Cuando una mujer deja de aceptar el doble estándar, no está creando el conflicto: está haciéndolo visible.

Maricruz Ocampo

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