Después de una espera que parece interminable por fin se llegó la fecha, el jueves, México se convierte en el único país del mundo en albergar la Copa Mundial de Fútbol varonil en tres ocasiones. Una hazaña indiscutible.
El Mundial 2026 en México representa una oportunidad única para renovar la esperanza colectiva. No solo por recibir a personas de otros países, sino por la posibilidad de construir un espacio de orgullo colectivo, lejos de filias y fobias . Quienes tuvimos la oportunidad de vivir el histórico Mundial de 1986, que tuvo lugar un año después del terremoto, sabemos el impacto que este evento deportivo puede tener en el ánimo nacional.
Este Mundial llega a un México muy distinto. Por primera vez compartimos el evento con Estados Unidos y Canadá en un momento tenso el la relación trilateral, marcada por el inconstante Donald Trump. Además, tanto el país como la Ciudad de México son gobernados por mujeres en un momento de alta polarización política, lo que le da un toque diferente a la fiesta del fútbol.
El Mundial trae consigo importantes beneficios económicos como turismo e inversión, pero también un alarmante incremento en la violencia de género contra las mujeres. Por eso, países como Inglaterra, Francia y España han implementado campañas específicas para abordar este problema, algo que México debe adoptar con urgencia.
Durante eventos deportivos como el Mundial, el consumo de alcohol, las reuniones familiares y la proximidad entre personas generan condiciones propicias para la generación de violencia contra las mujeres. Esto es similar a lo que ocurrió durante la pandemia, porque cuando los agresores pasan más tiempo en casa, las mujeres se vuelven más vulnerables a ser el blanco de agresiones por cosas tan absurdas como puede ser la derrota de nuestra selección.
Las autoridades de todo el país deben estar preparadas para atender este fenómeno. Las Secretarías de las Mujeres, las fiscalías, juzgados y policías necesitan estar listas con protocolos de atención, personal capacitado y presupuesto suficiente para atender el incremento en la violencia que viene aparejada con el Mundial. Los refugios para mujeres víctimas de violencia deben estar disponibles y las políticas públicas deben ser claras.
El Mundial 2026 debe ser una fiesta de todos y todas, por eso no podemos ignorar la realidad de la violencia contra las mujeres que lo acompaña. Es fundamental reconocer que este fenómeno es evitable solo si se cuenta con la preparación y las políticas adecuadas.
Las autoridades deben implementar campañas de prevención, capacitar al funcionariado y garantizar el presupuesto necesario para atender el incremento en la violencia. Además, es crucial involucrar a la sociedad en la reflexión sobre la masculinidad y el respeto, para evitar que la violencia empañe la celebración.
No podemos permitir que la violencia contra las mujeres se convierta en el precio que debemos pagar para celebrar la fiesta del fútbol.