Saber de género no es una moda, ni una concesión a la corrección política, ni un capricho de la academia. Saber de género es una herramienta para leer el mundo con más honestidad. Saber de género es entender la desigualdad, la discriminación y por qué las violencias se naturalizan. Saber de género nos permite ver la realidad de una sociedad que necesita transformarse.
En Querétaro, como en todo el país, seguimos viviendo las consecuencias de no saber de género. En la escuela, en la familia, en el trabajo, en los medios y en los espacios públicos se perpetúan los estereotipos, se castiga a las mujeres que alzan la voz, se hace burla de la disidencia sexual, se minimiza el acoso y se normaliza la carga doméstica de las mujeres como si fuera destino biológico. Las niñas abandonan sueños, las mujeres cargan dobles o triples jornadas, los hombres no pueden pedir ayuda, las personas trans que enfrentan rechazo, y una sociedad entera se ciega ante el dolor ajeno.
Saber de género importa porque nombra aquello que durante siglos se ha invisibilizado: la brecha salarial, la violencia obstétrica, el hostigamiento laboral, la división sexual del trabajo, la exclusión política y la deshumanización cotidiana. Saber de género revela que los hombres también han sido víctimas de la tiranía del patriarcado que los encasilla en una masculinidad que los daña y los aísla.
Y no, hablar de género no “divide a la sociedad”. La sociedad está dividida por la desigualdad y la discrminación. Lo que hace el enfoque de género es mostrarnos la brecha y ofrecernos opciones para cerrarla. Un sistema educativo con perspectiva de género enseña respeto, cuidado y libertad. Un gobierno con perspectiva de género diseña políticas públicas que garantizan una vida digna para todas las personas. Un medio de comunicación con perspectiva de género deja de cosificar a las mujeres y asume su responsabilidad de informar sin sesgos. Una empresa con perspectiva de género entiende que la igualdad laboral no es un lujo, sino un derecho.
Por eso me preocupa escuchar a quienes desprecian esta conversación como si fuera una ideología invasora. Lo ideológico es fingir que todo está bien mientras las mujeres siguen siendo asesinadas, mientras las adolescentes siguen recibiendo el mensaje de que su valor depende de su apariencia, mientras los hombres siguen atrapados en mandatos de dureza que los lastiman. Lo ideológico es defender una “normalidad” que produce miedo, vergüenza y silencio.
Saber de género es una forma de alfabetización democrática. Nos ayuda a leer el poder, a cuestionar la injusticia y a imaginar una vida más libre. No se trata de imponer una verdad única, sino de abrir los ojos ante una realidad que siempre estuvo ahí. Y cuando una sociedad aprende a mirar con perspectiva de género, ya no puede volver intacta a la ignorancia.
No saber de género nos vuelve cómplices del un sistema que hiere; saber de género nos da la posibilidad de cambiarlo.
Maricruz Ocampo