Si un día todas las mujeres aprendiéramos a amar nuestras caras y nuestros cuerpos en cada etapa de nuestra vida y celebráramos envejecer, miles de personas en la industria de la moda, la belleza y la mercadotecnia se quedarían sin empleo.

Destruir nuestra autoestima y convencernos de que nuestras arrugas, canas, estatura, peso, color de piel, genética y cambios hormonales son "anormales" (porque a lo que debemos aspirar es a la eterna juventud, a un cuerpo esbelto, a una estatura imposible o a un tono de cabello que no es el nuestro) genera miles de millones de dólares anuales para empresas que se dedican a crear "estándares" mundiales de cómo debemos vernos las mujeres.

Los empresarios de la moda y la belleza han construido un negocio multimillonario que se sustenta en inventar razones para mantenernos en una perpetua inadecuación. Es una manifestación de la violencia simbólica contra las mujeres promovida por un sistema patriarcal que insiste en controlar nuestros cuerpos.

En los mensajes que plagan las redes sociales y medios de comunicación, los equipos de mercadotecnia de gigantescas empresas multinacionales siempre encuentran la manera de convencernos (varias veces al año) de cambiar nuestra ropa, el color del cabello, la forma de las cejas, el tono muscular y arrancar de raíz nuestro vello corporal; incluso nos orillan a someternos a dolorosas cirugías para "corregir" la forma de nuestra nariz, el tamaño de nuestros senos, el grosor de nuestros labios y el ancho de nuestras caderas.

En las redes sociales la presión para las jóvenes y niñas es tal que el uso de filtros y apps que facilitan el blanqueamiento, afinado de facciones y cambio de rasgos, ha convertido la corrección estética en una nueva norma. Dejar que el mundo nos vea “como realmente somos” nos expone a altos índices de violencia en redes sociales.

Con las nuevas tecnologías digitales y la llegada a nuestra vida cotidiana de la inteligencia artificial (IA) la presión sobre nuestra apariencia ha llegado a niveles no antes vistos. Según informes de ONU Mujeres y del Banco Interamericano de Desarrollo la IA refleja los prejuicios sexistas de nuestra sociedad. Los modelos de IA, entrenados con contenidos mediáticos que reproducen y priorizan ideales de belleza preponderantemente occidentales (piel clara, simetría facial, figura esbelta, estatura superior a la media mundial), refuerzan la presión sobre las mujeres al generar imágenes y contenido editorial sesgado.

Esta información, empleada cada vez con mayor frecuencia en las estrategias de marketing de las empresas de moda y belleza, tienen un impacto devastador en nuestras niñas y jóvenes: los desórdenes alimenticios y la depresión (que en casos extremos las pueden llevar al suicidio) son solo la punta del iceberg del dolor que la industria de la moda y la belleza causa en las mujeres, con tal de quedarse con nuestro dinero.

La belleza cuesta, y a las mujeres y niñas nos cuesta mucho.

Titular de Aliadas Incidencia

Estratégica e integrante de la

Red Nacional de Alertistas.

FB: maricruz.ocampo

Twitter: @mcruzocampo

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