Maricruz Ocampo Guerrero

Hombres peligrosos

Hace unos días escuché un poema que me conmovió muchísimo. Se titula “Si algún día tengo hijos serán hombres peligrosos”. El poema se centra en la necesidad de educar a nuestros hijos rompiendo con el condicionamiento social que les exige ser violentos, negar su vulnerabilidad y conformarse con una visión de la masculinidad que los lastima. El autor habla de educar “hombres peligrosos”, pero no en el sentido que la sociedad imagina. Puntualiza en que el peligro estriba en lo que representa ser un hombre construido para expresar sentimientos, emociones, valores y principios que rompen con los estereotipos culturales de lo que significa ser hombre en sociedades como la nuestra. Un hombre peligroso para una cultura que, por siglos, se ha construido en la desigualdad y el sometimiento de las mujeres.

Educar a un niño en el México actual requiere de un enorme esfuerzo para que logre convertirse en un hombre que ve a las mujeres como personas y no como objetos. Educarlo para que asuma su responsabilidad en el cuidado y la crianza, para que vea el amor de pareja como un acompañamiento entre iguales y no como una imposición de subordinación, de dominio o de imposición desde el poder. Educar a un niño implica permitirle expresarse con libertad, siempre con respeto del otro y de la otra. Implica no gritar, porque asertividad no es agresividad. Implica ser hombro de otras personas, pero saber que él también se puede apoyar en las demás. Implica reconocer su privilegio y no guardar silencio ante la injusticia y la desigualdad.

El poema me hizo pensar en mi hijo, un hombre sensible, generoso, humano. Un hombre peligroso para el patriarcado porque cuestiona lo que significa “ser hombre” en México. Un hombre peligroso que analiza cómo la cultura, la religión, el arte, la academia, las empresas y la política sostienen el poder masculino. Un hombre peligroso que busca cambiar la forma en la que modelamos a las infancias.

Un hombre peligroso que se permite sentir, llorar y mostrar debilidad sin que esto afecte su masculinidad; que valora las opiniones de otras personas, incluidas las mujeres, y busca la igualdad. Un hombre peligroso que actúa con respeto y congruencia, no por imposiciones sociales o el “qué dirán”, sino porque ve a las mujeres como seres humanos sujetos de derechos; que busca crear vínculos más equitativos y libres de violencia. Un hombre peligroso que cuestiona la idea de ser proveedor, el fuerte o el violento; que ha aprendido a cuidar y permite ser cuidado. Un hombre peligroso que se autoanaliza para identificar y corregir actitudes, creencias y comportamientos dañinos.

Un hombre peligroso que busca ser consciente de sí mismo, sin violencias y sin estereotipos. Un hombre peligroso que entiende que romper con las ideas preconcebidas no implica perder su identidad. Un hombre peligroso que entiende las estructuras de poder que privilegian a los hombres y busca desmantelarlas.

Un hombre peligroso para una cultura machista.

Titular de Aliadas Incidencia

Estratégica e integrante de la

Red Nacional de Alertistas.

FB: maricruz.ocampo

Twitter: @mcruzocampo

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