Los terribles acontecimientos ocurridos en Jalisco durante la captura y eventual muerte de Nemecio "El Mencho" Oceguera quedarán grabados en la memoria colectiva de México por muchos años. Su impacto es indiscutible y las consecuencias aún no son previsibles.

El temor entre la población de distintas comunidades, la preocupación de amistades y familiares, las muertes de personal militar y el impacto que éstas tienen en sus familias deben hacernos reflexionar sobre los enormes estragos que el flagelo del narcotráfico ha impuesto en la población mexicana. También deben obligarnos a señalar la terrible irresponsabilidad con la que muchas personas han compartido información falsa, sumando su granito de arena al pavor colectivo.

Uno de los eventos que han acaparado los comentarios de los medios de comunicación ha sido la expresión de dolor del Secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, ante el fallecimiento de elementos del Ejército Mexicano en el operativo militar. Escuchar su voz quebrarse generó un sinfín de emociones entre quienes le hemos escuchado, pero también sorpresa por la expresión pública de dolor de un hombre entrenado en el estoicismo.

Pero ¿por qué nos ha sorprendido tanto una reacción tan humana de un general que llora por algo tan doloroso como la muerte de jóvenes a su cargo?

La respuesta está en el condicionamiento social que ha enseñado a los hombres a suprimir la expresión de dolor, angustia o miedo. Los hombres están condicionados a ser proveedores, protectores y "solucionadores" de problemas, lo que les hace temer que mostrar emociones sea vergonzoso o inaceptable.

La terrible presión que la sociedad y la cultura han impuesto en los hombres para reprimir emociones y sentimientos se sustenta en normas de masculinidad tóxica que equiparan la expresión emocional con la debilidad. Ese ideal "estoico", arraigado en la crianza y las expectativas culturales, obliga a los hombres a ocultar su vulnerabilidad para evitar ser juzgados, lo que a menudo conlleva problemas de salud mental, mayor estrés y relaciones tensas con sus parejas, sus familias y con el mundo en general.

Los hombres a menudo se preocupan de que expresar sus emociones, particularmente la vulnerabilidad, se utilice en su contra, conduzca al rechazo o los haga parecer débiles. A muchos hombres se les enseñó a reprimir sus sentimientos desde pequeños debido a que eran ignorados, intimidados o disciplinados por expresar sus emociones.

El hecho de que una mujer llore se ve como normal o como un signo de debilidad "natural". Desde pequeñas, a las mujeres se les alienta a comunicar sus sentimientos, mientras que los hombres son condicionados a reprimirlos, lo que lleva que les lleva a suprimir sus emociones en lugar de hablar de ellas.

En una cultura machista como la nuestra, que ha arrebatado a los niños y hombres la capacidad de expresar sus sentimientos y su dolor, las mujeres pueden llorar, los hombres no.

Titular de Aliadas Incidencia

Estratégica e integrante de la

Red Nacional de Alertistas.

FB: maricruz.ocampo

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