Maricruz Ocampo Guerrero

Día de la Niña

El 30 de abril se conmemora el Día del Niño y de la Niña. Una fecha que la mayoría vemos con añoranza en la que recordar nuestra infancia nos traslada a un mundo lejano, de días corriendo por la calle, sin preocupaciones, en el que el futuro no era importante.

A la luz que da la distancia, y cerca de cumplir 60 años, puedo ver con tristeza las desigualdades perniciosas que plagaron la niñez de muchas de nosotras y comprendo que no es que las mujeres maduremos más rápido. Es que a las niñas, aún ahora, les exigimos más.

Pienso en las obligaciones que se nos imponían por el hecho de haber nacido mujeres: trabajo doméstico, cuidado de las y los hermanos, limitantes a nuestros sueños y libertades. Ser niña significaba un destino más limitado y más violento que el de nuestros hermanos.

En pleno siglo XXI las niñas siguen viviendo las barreras impuestas por una sociedad machista que se rehusa a cambiar. Las niñas cargan con una doble condena que trunca su niñez, su desarrollo y su felicidad: su edad y su género. En muchos sectores de la población aún persiste la idea de que las niñas son delicadas, frágiles y, por eso, menos valiosas.

La falta de oportunidades, el acceso limitado a la educación, la pobreza que azota a muchas regiones del país y las carencias en materia de atención médica, se combinan con expectativas culturales que priorizan la importancia de los varones. A nivel global, millones de niñas nunca concluirán la educación primaria, serán madres antes de llegar a la adolescencia y jamás podrán tomar decisiones por sí mismas.

A todo eso hay que sumar las múltiples formas de violencia a las que están expuestas desde muy corta edad: el abuso sexual infantil, la trata de personas y la explotación son realidades tristemente persistentes. En México, la violencia comunitaria, familiar y de pareja, se complican por la respuesta inadecuada de las autoridades que se niegan a actuar, por la carencia de protocolos adecuados para su atención o por la falta de voluntad política de las autoridades para hacer lo correcto: anteponer el interés superior de las niñas ante situaciones de violencia grave.

En 2026, miles de niñas mexicanas abandonan la escuela por embarazos tempranos, producto de la violencia sexual, matrimonios forzados o incesto en un país donde la salud sexual y reproductiva de las niñas no es atendida de manera especializada. La educación sexual integral está muy lejos de llegar a la mayoría de las comunidades por la influencia de la iglesia y el rechazo de una cultura ultra conservadora que impone la maternidad como castigo. Las normas sociales que desvaloran y subordinan a las niñas y les asignan roles rígidos perpetúan la discriminación y la desigualdad.

Proteger y promover los derechos humanos de las niñas debería considerarse como una inversión en el futuro del país. Garantizar sus derechos tiene como consecuencia una sociedad más justa, segura y próspera.

Cuando una niña pierde su presente, México pierde su futuro.

Titular de Aliadas Incidencia

Estratégica e integrante de la

Red Nacional de Alertistas.

FB: maricruz.ocampo

Twitter: @mcruzocampo

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