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Este 8M, como todos los años, la gran mayoría de los medios de comunicación volvió a poner el foco en el lugar equivocado. En lugar de centrarse en las exigencias de las miles de mujeres que salieron a las calles, para demandar educación, salud, vivienda digna, igualdad salarial, un sistema nacional de cuidados y sentarse a la mesa en condiciones de igualdad para la toma de decisiones, se enfocaron en las acciones de los hombres del poder, esos que parecen incapaces de ceder, ni por un segundo, el micrófono a las mujeres.
En sus mensajes del 8M gobernadores, legisladores, presidentes municipales y líderes partidistas, sin excepción, reconocieron la deuda histórica con las mujeres y niñas y aprovecharon la fecha para anunciar nuevos programas paternalistas, felicitarnos con flores y entregar reconocimientos improvisados que muestran su "compromiso" anual con las mujeres.
En los municipios inventaron carreras coloridas para "celebrar" a las mujeres, mientras los gobiernos estatales nos siguen llamando "damitas" y todo lo dicen en el masculino "neutro", porque siguen sin entender que eso nos invisibiliza. En las legislaturas, los diputados se pararon de cabeza para ingresar iniciativas "por las mujeres" para salir en la patética foto que se toman frente al escritorio de la oficialía de partes, al tiempo que los presidentes partidistas mencionan, por no dejar, que en sus partidos si hay mujeres.
Esos mismos "caballeros", en la próxima sesión del pleno, votarán en contra de cualquier iniciativa que promueva el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos o que requiera dinero para un sistema integral de cuidados. En los gobiernos municipales seguirán las campañas veladas para responsabilizarnos del cuidado y la crianza, que solo sirven para fortalecer el trabajo informal de las mujeres; y los candidatos se tomarán fotos con sus esposas e hijos, imitando a la Sagrada Familia en poses dignas de los nacimientos que adornan nuestras salas en Navidad.
En el 8M, todos ellos, en un evidente oportunismo político, se convierten en paladines de las mujeres porque, como bien nos han enseñado los cuentos de hadas, las mujeres necesitamos que alguien nos rescate. "Las vamos a proteger aunque no quieran", como dice su referente favorito, el infame Donald Trump.
Eso sí: en su afán por mostrarse "progres", secuestran el término feminismo. Esos que el 8M se visten de morado, son los mismos que se niegan a escuchar los reclamos feministas y las exigencias del movimiento amplio de mujeres el resto del año mientras se amarran al cuello pañuelos azules "pro-vida". Para ellos, las mujeres nunca tendremos un lugar en la mesa porque siempre seremos parte del menú.
En el 8M, la noticia central de muchos periódicos fue que, como todos lo años, un hombre del poder anunció que las mujeres tenemos derecho a tener derechos. Él es la nota; ellas, otra vez, son solo un pie de página.
Titular de Aliadas Incidencia
Estratégica e integrante de la
Red Nacional de Alertistas
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