Mariana Martínez Dionicio

El regreso de las obras perdidas

La vida de las obras de arte puede ir mucho más allá de ser exhibidas. Pueden pasar años tranquilamente sobre la pared o en la vitrina de un museo y, de pronto, desaparecer sin dejar rastro para, tiempo después, volver a aparecer en el lugar menos esperado. Aunque pareciera que los grandes robos de arte pertenecen a otra época, siguen ocurriendo. Basta recordar el impacto que causó el atraco al Louvre, un acontecimiento que nos hizo preguntarnos cómo algo así podía suceder en una época en la que la seguridad de los recintos culturales ha mejorado considerablemente. Sin embargo, mientras algunos robos logran acaparar titulares alrededor del mundo, otros pasan casi desapercibidos. Y justamente de uno de ellos me gustaría hablarte en esta ocasión, porque hace apenas unos días recibimos una de esas noticias que pocas veces acompañan a las historias de arte robado.

Todo comenzó el 7 de diciembre del año pasado, en la Biblioteca Mário de Andrade, ubicada en São Paulo, Brasil. En este recinto se encontraba la exposición Do Livro ao Museu. Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que dos hombres armados ingresaron al lugar y, en cuestión de minutos, lograron someter a los guardias de seguridad y a algunos de los visitantes para después llevarse trece obras que formaban parte de la muestra. Entre las piezas robadas se encontraban cinco obras del artista brasileño Cândido Portinari y ocho trabajos de Henri Matisse pertenecientes a Jazz, una de las publicaciones más importantes y particulares de la última etapa de su carrera.

Estas piezas forman parte de Jazz, un libro de artista publicado en 1947, cuando Henri Matisse tenía 77 años. Algunos años antes, el artista había atravesado una complicada cirugía abdominal que limitó considerablemente su movilidad y le dificultó continuar trabajando de la manera tradicional. Sin embargo, esta limitación terminó por transformar su manera de crear. Matisse comenzó a pintar hojas de papel con gouache para después recortarlas con tijeras y construir con ellas diferentes figuras y composiciones. A esta técnica se le conoce como papeles recortados, y se convirtió en una de las características más reconocibles de la última etapa de su carrera. El propio artista llegó a referirse a este proceso como una manera de dibujar con tijeras.

Y bueno, regresando al tema del robo, varias de las piezas pertenecientes a este increíble libro formaron parte de las obras robadas aquel 7 de diciembre. Pero esta historia, afortunadamente, no terminó ahí. Después de casi un año sin conocer su paradero, hace apenas un par de semanas recibimos una gran noticia, las ocho piezas de Matisse fueron finalmente encontradas. Las obras fueron localizadas en una casa en São Bernardo do Campo, en la zona metropolitana de São Paulo. Durante el operativo, las autoridades arrestaron a un hombre de 44 años relacionado con el caso y lograron recuperar las ocho piezas pertenecientes a Jazz.

Sin embargo, la historia todavía no tiene un final completamente feliz. Las cinco obras de Cândido Portinari que también fueron robadas aquel día continúan desaparecidas y se sospecha que pudieron haber sido vendidas. La próxima semana me gustaría seguirte contando sobre este tema, pero ahora desde otra perspectiva: ¿qué sucede después de que una obra perdida finalmente logra volver a casa?

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