Viajar durante el embarazo es una de las dudas más frecuentes en consulta. ¿Es seguro? ¿Hasta cuándo se puede? ¿Hay que evitarlo por completo? La respuesta corta es: en la mayoría de los casos sí se puede viajar, pero hacerlo bien implica información y planeación.

Desde el punto de vista médico, el mejor momento para viajar suele ser el segundo trimestre, entre las semanas 14 y 28. En esa etapa suelen haber disminuido las náuseas, el riesgo de aborto espontáneo es menor y todavía no aparecen muchas de las molestias del tercer trimestre. Sin embargo, cada embarazo es distinto, y no todos los viajes son iguales.

Hay situaciones en las que conviene posponer o evitar viajar: sangrado vaginal, amenaza de parto pretérmino, hipertensión, placenta previa, anemia severa o cualquier condición que requiera vigilancia estrecha. Por eso, antes de planear un viaje, siempre es recomendable consultarlo con tu médico.

Uno de los mitos más comunes es que volar está prohibido en el embarazo. En realidad, en embarazos no complicados, volar es seguro hasta etapas avanzadas, aunque muchas aerolíneas solicitan constancias médicas a partir del tercer trimestre. Lo importante en vuelos largos es mover las piernas cada una o dos horas, usar ropa cómoda, mantenerse bien hidratada y considerar medias de compresión.

En viajes largos por carretera, las recomendaciones son similares: hacer paradas frecuentes, evitar permanecer sentada por tiempos prolongados y no conducir si hay cansancio excesivo o contracciones. El cinturón de seguridad siempre debe usarse, colocándolo por debajo del abdomen y sobre las caderas, nunca sobre la barriga.

También hay que ajustar expectativas. Viajar embarazada no es viajar igual que antes. Puede haber más cansancio, menos tolerancia a cambios de horario y mayor necesidad de descanso. Escuchar al cuerpo y bajar el ritmo no es una limitación, es autocuidado.

Viajar en el embarazo no tiene que ser una fuente de ansiedad. Con buena planeación, información confiable y flexibilidad, puede ser una experiencia segura y disfrutable. La clave no es evitar el viaje, sino adaptarlo.

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