Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Más que una fecha para felicitar, pienso que es un momento para reflexionar sobre lo que hemos avanzado y lo que todavía necesitamos transformar.
Si miramos hacia atrás, el cambio es profundo. Hoy muchas mujeres podemos estudiar, elegir una carrera, desarrollarnos profesionalmente y también decidir si queremos ser madres, cuándo y cómo. La maternidad dejó de ser el único destino posible y se convirtió —al menos para muchas— en una elección. Ese cambio no es menor.
En el ámbito de la salud, por ejemplo, cada vez vemos más mujeres médicas, investigadoras, directivas y líderes de opinión. También vemos más mujeres que deciden embarazarse mientras trabajan, que regresan a su consultorio o a su oficina después del nacimiento de sus hijos, que equilibran juntas escolares con reuniones laborales. No es sencillo, pero hoy es posible. Sin embargo, posibilidad no siempre significa facilidad.
Aunque hemos ganado terreno, todavía enfrentamos desafíos importantes. Las licencias de maternidad en muchos lugares siguen siendo insuficientes para favorecer una recuperación física adecuada y una lactancia exitosa. No todas las empresas cuentan con espacios dignos para extraer y conservar leche materna. Muchas mujeres regresan a trabajar con culpa, con agotamiento o con la presión de “demostrar” que pueden rendir igual que antes, como si el posparto no existiera. La maternidad sigue siendo, en gran medida, una responsabilidad que recae principalmente en las mujeres. La corresponsabilidad familiar y las licencias de paternidad amplias aún son la excepción, no la regla.
También es importante reconocer que no todas las mujeres viven la maternidad de la misma forma. Algunas la desean y la buscan activamente; otras deciden no tener hijos; otras enfrentan pérdidas, infertilidad o decisiones médicas complejas. Todas merecen respeto. Todos los días, veo mujeres fuertes, preparadas y comprometidas, pero también cansadas y exigidas por un sistema que todavía no se adapta por completo a sus necesidades.
El 8 de marzo no es solo para celebrar lo que hemos logrado, sino para recordar que la equidad real implica políticas públicas más sólidas, mejores prestaciones laborales, mayor apoyo en el posparto y una cultura que entienda que cuidar y trabajar no son caminos opuestos. Hemos avanzado mucho. Hoy más mujeres pueden elegir ser madres y también construir una vida profesional plena. Pero el verdadero progreso será cuando el entorno facilite ambas.
Porque la maternidad no debería frenar el desarrollo de una mujer. Y el desarrollo de una mujer nunca debería poner en duda su capacidad de maternar.