María José Rodríguez Sibaja

Qué bien hace escuchar «a mí también»

Hace bien hablar con nuestra gente cuando nos convertimos en mamás. Con quienes nos conocen de toda la vida, nos escuchan y saben cómo acompañarnos. A veces son ellas quienes nos recuerdan que un mal día o una mala noche no dice nada sobre cómo lo estamos haciendo. Pero también hay un alivio muy especial cuando hablamos con alguien que está viviendo algo parecido al mismo tiempo que nosotros.

Con el tiempo, muchas de las cosas que hoy ocupan buena parte de nuestros días se vuelven difíciles de recordar con detalle. Podemos acordarnos de que los primeros meses fueron cansados y, aun así, olvidar cuánto podía pesar una tarde entera tratando de dormir a nuestro bebé que se despertaba cada vez que lo acostábamos. Cada mamá vive esta etapa a su manera, y entre bebés de la misma edad los días pueden verse muy distintos. Aun así, cuando hablamos con alguien que está viviendo la misma etapa, sea una amiga o incluso con alguien a quien conocimos hace poco, muchas veces es suficiente con coincidir en una sola cosa. Algo tan sencillo como un intercambio de mensajes después de una mala noche. Le cuentas a otra mamá que tu bebé llevaba varios días durmiendo muy bien y que de repente regreso a los despertares cada 2 o 3 horas. Ella te cuenta que le acaba de pasar algo similar. Probablemente ninguna sepa por qué cambió el sueño de sus bebés, pero basta ese «a mí también» para que dejes de repasar mentalmente todo lo que hiciste el día anterior, y donde antes pensabas «¿qué estaré haciendo mal?», ahora piensas «esto pasa». Y muchas veces ese pequeño cambio es suficiente para vivir ese proceso con un poco más de calma.

Además, cuando hablamos con otras mamás, que están viviendo la misma etapa, también aparecen temas que rara vez salen cuando alguien nos pregunta de manera general cómo va todo. Que puedes haber extrañado tu trabajo y llorar el día que regresas. Que una tarde puedes estar esperando la hora de irte a dormir y, cuando por fin se duerme tu bebé, quedarte viendo sus fotos. O que a veces lo que más extrañas de antes es algo tan sencillo como salir sin tener que calcular a qué hora será la próxima toma o extracción. Escuchar que alguien más está pasando por algo parecido permite hablar de todo eso con más naturalidad. Por eso, cuando otra mamá nos cuenta algo que también estamos viviendo, vale la pena decírselo. Quizá ella también necesitaba escucharlo.

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