Pocas experiencias generan tanta tristeza, incertidumbre e incluso culpa como la pérdida de un embarazo. Sin embargo, también existen pocos temas rodeados de tantos mitos y malentendidos. Una de las primeras preguntas que suelen hacerse las parejas que atraviesan un aborto espontáneo es: “¿Qué hice mal?”. La respuesta, en la inmensa mayoría de los casos, es sencilla: nada.
El aborto espontáneo es mucho más frecuente de lo que la mayoría de las personas imagina. Se estima que ocurre en aproximadamente uno de cada cinco embarazos reconocidos clínicamente, aunque la cifra real probablemente sea aún mayor, ya que muchas pérdidas ocurren antes de que la mujer sepa que está embarazada. A pesar de su frecuencia, sigue siendo una experiencia de la que se habla poco. Muchas parejas la viven en silencio, sintiéndose aisladas o responsables de algo que estaba fuera de su control.
La causa más común de aborto espontáneo durante el primer trimestre son las alteraciones cromosómicas o genéticas del embrión. En otras palabras, desde el momento de la fecundación existe un error en la información genética que impide que el embarazo continúe desarrollándose normalmente. Se trata de un mecanismo natural mediante el cual el organismo interrumpe embarazos que no tienen la capacidad de evolucionar adecuadamente.
Por lo que es importante entender que actividades cotidianas como caminar, trabajar, hacer ejercicio moderado, cargar objetos ligeros, viajar o haber tenido una discusión no provocan un aborto espontáneo. Tampoco ocurre porque comer algo específico, estrés o falta de reposo. El duelo existe independientemente de la causa. Pero comprender por qué ocurrió puede ayudar a disminuir una carga emocional que muchas parejas llevan injustificadamente.
Otro aspecto importante es que haber tenido un aborto espontáneo no significa que volverá a ocurrir. Después de una pérdida aislada, la probabilidad de lograr un embarazo exitoso en el futuro sigue siendo muy alta. De hecho, la mayoría de las mujeres que experimentan un aborto espontáneo tendrán posteriormente un embarazo y un recién nacido sano.
La pérdida de un embarazo puede formar parte de la historia de muchas parejas. La culpa no debería formar parte de ella.