María José Rodríguez Sibaja

La magia fugaz del embarazo

Durante el embarazo pasamos meses imaginando el momento de conocer a nuestro bebé.

Contamos las semanas, esperamos el siguiente ultrasonido, celebramos cada movimiento y, especialmente cuando se acerca la fecha de parto, muchas veces sentimos que el tiempo avanza lentamente. Hay días en los que el cansancio pesa, dormir se vuelve difícil y parece que el embarazo durará para siempre.

Pero entonces nace bebé. De pronto, aquello que ocupó nueve meses de nuestra vida desaparece en cuestión de días. La pancita que estuvo ahí acompañándonos a todas partes ya no está. Los movimientos que nos despertaban por las noches terminan. Y aunque ahora tenemos frente a nosotros a nuestro bebé, algo dentro de nosotras reconoce que una etapa extraordinaria acaba de terminar.

Poco se habla de esto, pero es normal extrañar la pancita del embarazo. Es una sensación que a veces llega de manera inesperada. Te encuentras viendo fotografías tomadas apenas unas semanas antes y te sorprende pensar que ese momento ya pasó. Que tu bebé ahora ya está en tus brazos. Que aquello que parecía tan largo fue, en realidad, increíblemente breve. Y no, extrañar la pancita no significa que prefieras el embarazo a la maternidad. Nada se compara con ver por primera vez la cara de tu bebé, sentir su olor, o agarrar sus manitas.

Pero una cosa no cancela la otra. Podemos celebrar el inicio de una nueva etapa y al mismo tiempo sentir nostalgia por la anterior. Porque el embarazo tiene una magia única. Es el único momento de nuestra vida en el que llevamos a nuestro bebé con nosotras a cada instante. No hay horarios, no hay distancias, no hay despedidas. Compartimos el mismo espacio, el mismo ritmo y, de alguna manera, el mismo cuerpo. Durante esos meses ocurren cosas extraordinarias. Y, sin embargo, cuando estamos inmersas en la rutina de consultas, estudios, preparativos y pendientes, es fácil olvidar lo extraordinario que realmente es.

Por eso, si estás embarazada, quiero recordarte algo. Tómate las fotos. Ponte ese vestido que resalta tu pancita. Presúmela. Acaríciala. Háblale a tu bebé. Detente unos segundos a sentir sus movimientos sin hacer nada más. Guarda recuerdos. Porque un día esa pancita desaparecerá y entenderás que era mucho más que un cambio físico. Era el primer hogar de tu bebé. El espacio donde comenzó su historia.

La maternidad está llena de momentos irrepetibles, pero el embarazo ocupa un lugar especial entre ellos. Tal vez porque dura apenas unos meses. Tal vez porque termina justo cuando comienza una de las aventuras más importantes de nuestra vida. O tal vez porque solo al verlo terminar comprendemos lo fugaz que era. Y entonces descubrimos que, incluso mientras disfrutamos inmensamente a nuestro bebé, también podemos extrañar con cariño esa pancita que alguna vez fue el universo completo de alguien más.

Te recomendamos