María José Rodríguez Sibaja

La depresión perinatal no siempre se ve como tristeza

Cuando pensamos en depresión durante el embarazo o después del nacimiento, generalmente nos imaginamos a una mujer que llora constantemente o que no quiere levantarse de la cama. Sin embargo, la depresión perinatal no siempre se parece a esa imagen. A veces se manifiesta como irritabilidad, ansiedad, agotamiento o una sensación persistente de estar sobrepasada. Con motivo del reciente Día Mundial de la Salud Mental, vale la pena hablar de una realidad que todavía permanece poco visible: la salud mental materna.

La depresión perinatal puede aparecer durante el embarazo o en los meses posteriores al nacimiento. Se estima que una de cada diez mujeres experimenta síntomas depresivos clínicamente relevantes durante este periodo. Y aunque es una de las complicaciones más frecuentes de la maternidad, muchas veces no se reconoce ni se atiende oportunamente.

Parte del problema es que algunos de sus síntomas pueden confundirse con las exigencias de esta etapa. El cansancio, las alteraciones del sueño, los cambios en el apetito o la dificultad para concentrarse pueden parecer normales. Pero cuando se acompañan de desesperanza, culpa, pérdida de interés o una sensación constante de incapacidad, merecen atención. También existe una expectativa social que dificulta reconocerla: la idea de que la maternidad debe ser una etapa de felicidad absoluta. Una mamá puede amar profundamente a su bebé y, al mismo tiempo, experimentar depresión. Puede sonreír en las fotografías, cumplir con sus responsabilidades y aparentar que todo está bien mientras atraviesa un emocional dificil.

Por eso, cuidar la salud mental debería formar parte de la atención prenatal y posnatal con la misma naturalidad con la que vigilamos la presión arterial, el crecimiento de bebé o la recuperación física. Preguntar cómo se siente emocionalmente una mujer no debería ser una excepción, sino parte habitual de cada consulta. Hablar de depresión perinatal no significa restarle belleza a la maternidad. Significa reconocer que una experiencia profundamente deseada también puede ser emocionalmente difícil.

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