Durante años hemos asumido que los abuelos son una extensión natural del sistema de cuidado familiar. Están ahí para recoger a los niños de la escuela, acompañarlos a sus actividades, cuidarlos cuando los padres trabajan o incluso convertirse en cuidadores de tiempo completo durante los primeros años de vida.
Pero ¿qué pasaría si comenzáramos a reconocer este trabajo de manera formal?
La pregunta no está fuera de la realidad. En distintos países ya se están implementando medidas para apoyar económicamente a los abuelos que participan activamente en el cuidado de sus nietos. Suecia y Alemania ofrecen beneficios indirectos, como créditos para la pensión a los cuidadores familiares. En Australia existen subsidios gubernamentales que, bajo ciertos criterios, pueden ser recibidos por familiares que asumen el cuidado principal de un menor.
Recientemente en Italia, este debate ha tomado fuerza ante el envejecimiento poblacional y la baja tasa de natalidad. Más allá de la estrategia específica de cada país, todos parten de una misma premisa: cuidar también es trabajar. Y la realidad es que, sin el apoyo de los abuelos, muchos sistemas familiares modernos simplemente no funcionarían.
México no es la excepción. De hecho, en nuestro país este fenómeno es muy evidente. La incorporación de la mujer al mercado laboral, los trayectos cada vez más largos hacia el trabajo, el elevado costo de las guarderías privadas y las cortas licencias de maternidad han convertido a los abuelos en parte fundamental de la crianza contemporánea. Según datos nacionales, millones de hogares dependen del apoyo de los abuelos para el cuidado infantil.
Aunque la mayoría de los abuelos asumen este rol con gusto y amor, eso no elimina el esfuerzo físico, emocional y económico que implica y todo este trabajo permanece no remunerado, poco reconocido e incluso invisible. Quizá haya llegado el momento de empezar a cambiar esa narrativa.
¿Cómo podemos reconocer y apoyar el enorme valor que aportan actualmente los abuelos a la maternidad moderna?
Las soluciones podrían ser diversas: incentivos fiscales, programas gubernamentales de apoyo económico a cuidadores familiares, etc. Porque el verdadero objetivo no es trasladar la responsabilidad de la crianza a los abuelos, sino construir una red de apoyo más justa y sostenible.
Mientras tanto, en millones de hogares mexicanos, los abuelos siguen sosteniendo silenciosamente a las siguientes generaciones. Quizá ha llegado el momento de que, como sociedad, empecemos también a sostenerlos a ellos.