Sabemos que podemos donar sangre. Sabemos que podemos registrarnos como donadores de órganos. Pero existe otra forma de donar que muchas mamás descubren solamente cuando están lactando: donar leche materna.
Durante la lactancia, algunas mamás producen más leche de la que necesita su bebé. A veces ese excedente se almacena en el congelador y, en ocasiones, termina por no utilizarse. Lo que pocas familias saben es que esa leche puede ser donada a un banco de leche humana y convertirse en alimento para bebés que la necesitan.
¿Quiénes reciben leche donada?
Principalmente recién nacidos hospitalizados, especialmente bebés prematuros, de bajo peso al nacer o con condiciones médicas que los hacen particularmente vulnerables. Para ellos, cada mililitro puede ser importante. La primera opción para cualquier recién nacido es siempre la leche de mamá. Por eso, cuando un bebé nace prematuramente o necesita permanecer hospitalizado, una parte fundamental de la atención consiste en apoyar a mamá para iniciar y mantener la producción de leche. Sin embargo, hay circunstancias en las que temporalmente no es posible disponer de ella o la cantidad producida todavía no cubre las necesidades de bebé. Es entonces cuando la leche humana donada puede convertirse en una alternativa especialmente valiosa.
La Organización Mundial de la Salud recomienda considerar leche humana donada para los bebés prematuros o de bajo peso cuando la leche de su propia madre no está disponible, siempre que se cuente con bancos de leche que garanticen su seguridad y adecuado procesamiento. Y no se trata solamente de nutrición. La leche humana contiene componentes bioactivos e inmunológicos y, en bebés prematuros por ejemplo, utilizar leche humana donada en lugar de fórmula se asocia con un menor riesgo de enterocolitis necrosante, una enfermedad intestinal grave que afecta especialmente a los recién nacidos prematuros.
¿Quién puede donar?
En general, cualquier mujer sana que se encuentre lactando, tenga una producción suficiente para cubrir las necesidades de su propio bebé y cuente con leche excedente que desee donar de manera voluntaria. Pero la donación no consiste simplemente en entregar leche almacenada. Los bancos de leche cuentan con protocolos específicos para proteger tanto a la mamá donadora como al bebé que la recibirá. Antes de aceptar una donación se realiza una valoración de salud y se revisan aspectos como enfermedades, medicamentos y consumo de sustancias. También pueden solicitarse estudios para descartar determinadas infecciones transmisibles. Los criterios específicos pueden variar de acuerdo con cada banco de leche.
Una vez aceptada como donadora, la mujer recibe instrucciones sobre higiene, extracción y conservación. La leche recolectada se identifica, transporta y almacena bajo condiciones controladas.
¿Qué pasa con la leche después de donarla?
En un banco de leche humana, la leche donada pasa por procesos establecidos de recepción, evaluación, procesamiento y control de calidad. La leche destinada a otros bebés es pasteurizada para disminuir riesgos microbiológicos y posteriormente almacenada en condiciones específicas hasta que puede ser utilizada. Detrás de cada pequeño recipiente de leche existe todo un sistema diseñado para que llegue de forma segura al bebé que la necesita.
Una donación que no debería significar sacrificio. La donación comienza precisamente después de asegurar la alimentación del propio bebé. No todas las mujeres tienen excedente de leche. No todas pueden extraerse con facilidad. Pero para aquellas mujeres que tienen una producción adicional y desean hacerlo, saber que existe esta posibilidad puede darle un destino extraordinario a esa leche.
En México existen bancos de leche humana dentro de distintas instituciones de salud. Quizá todavía hablamos poco de ellos. Y quizá por eso muchas mujeres terminan su lactancia sin saber que alguna vez pudieron ser donadoras. Donar leche materna es un acto voluntario, seguro cuando se realiza a través de los canales adecuados y profundamente generoso.
Porque para una mamá pueden ser unos cuantos mililitros de leche que logró guardar. Para un bebé prematuro, esos mismos mililitros pueden significar mucho más.