México está ante un punto de quiebre: la democracia no se defiende sola. La reforma político-electoral que hoy se anuncia no apunta a mejorar el sistema, sino a recortar autonomía, achicar el pluralismo y alterar equilibrios constitucionales construidos durante décadas.
No es un debate para técnicos ni una pugna entre partidos: es una disputa por derechos. Por el derecho a elegir con libertad, competir en condiciones justas, ser representados sin distorsión y vivir bajo reglas que limiten al poder. Por eso firmo (y convoco) a un Frente Amplio Democrático: plural, nacional e incluyente, integrado por ciudadanía, organizaciones sociales y academia con un objetivo inmediato: frenar cualquier reforma regresiva en materia político-electoral, en cualquier etapa legislativa. No es contra alguien, es a favor de lo esencial. La democracia constitucional.
Quien crea que México nunca transitó, olvida o desprecia un proceso real de construcción democrática: diálogo, acuerdos, deliberación e inclusión plural que permitieron crear instituciones y contrapesos capaces de dar estabilidad y legitimidad a la vida pública.
El método del acuerdo democrático está siendo desplazado desde el poder y está en juego impedir la restauración del antiguo régimen bajo cualquier nombre o envoltura. Una reforma impuesta sin el consenso de todas las corrientes políticas, incluidas las oposiciones, no actualiza reglas, revela una intención de fondo, cerrar la posibilidad de alternancia real. Y sin alternancia posible, la democracia se convierte en un rito: ocurre, pero no cambia nada.
Este Frente nace con una premisa simple: unidad, no sectarismo. No es de un partido ni de una ideología; no se organiza contra personas, sino contra prácticas que erosionan la democracia. En un país polarizado, construir esa convergencia es difícil, pero imprescindible.
¿Qué defendemos? Un piso democrático mínimo: árbitros y tribunales autónomos e imparciales; elecciones libres, equitativas y competitivas con alternancia real; ciudadanía informada y con participación efectiva; representación proporcional al voto, sin sobrerrepresentación y respeto al pluralismo y a los límites constitucionales.
La historia nos está mirando, y el silencio es complicidad. Firmo porque me niego a normalizar el desmontaje de reglas básicas, a acostumbrarme al cinismo como destino. Porque la democracia no es un lujo: es el único camino para corregir el poder sin violencia y sin miedo. Y firmo, también, porque quiero un México mejor para mis hijos, un país donde su futuro no dependa del capricho de una mayoría ni de la voluntad de un solo gobierno, sino de instituciones que pongan límites, garanticen derechos y hagan posible la alternancia.
No se trata de estar a favor o en contra de un gobierno; se trata de defender que cualquier gobierno (sea cual sea) tenga fronteras claras. Porque sin límites al poder no hay democracia, hay obediencia.
X: @maeggleton