Resulta entendible que cada gobierno trate de eludir su responsabilidad y culpar a otros de los problemas que aquejan a la población. Pero ello no tiene que privar a los ciudadanos de su derecho a desaprobar. Las personas que observan críticamente el desempeño de los políticos se podrán percatar de que, en donde se vive, se tiene un gobernador o gobernadora con evaluaciones sobresalientes que los sitúan en el “top 5” del conjunto (siempre se encontrará alguna característica en la que se es el o la mejor) y que las malas noticias vienen siempre de fuera o del pasado.

Si se vive en Querétaro, por ejemplo, podrá leerse en las noticias que, si unos delincuentes cometen un acto atroz, venían de fuera del estado; si se encuentran cadáveres de personas asesinadas es porque los dejaron aquí, pero los actos ocurrieron en Michoacán, Guanajuato o cualquier otro estado vecino. Lo más cómico que se ha escuchado en este sentido sucedió en octubre de 2021, cundo la administración que encabeza Mauricio Kuri no tenía ni un mes al frente. En esos días cayeron intensas lluvias que inundaron zonas urbanas de San Juan del Río y Tequisquiapan. La explicación de los administradores fue que sí, había inundación, pero que el caudal pernicioso no era de aquí, sino que venía de montañas del Estado de México. ¡Qué consuelo!

El actual brote de sarampión (4,000 casos confirmados y cuatro decesos, en lo que va de 2026; 6,642 casos en 2025) ha sido ocasión para que los grupos políticos señalen como culpables a los otros, los que se oponen a cada uno de ellos: la oposición señala al gobierno de López Obrador por su relativo abandono de los programas de vacunación, mientras que el gobierno morenista muestra que los grupos de edad con menor prevalencia de anticuerpos en sangre son los que nacieron en sexenios anteriores al que comenzó en 2018.

En la Revista Nexos (febrero 2017), el médico infectólgo Shaúl Navarro Lara y el médico salubrista Oscar Estrada Gómez, muestran con tino que la realidad es más compleja.

Ciertamente, constatan, las tasas de vacunación con dos dosis en la población infantil llegaron a un máximo en 2018 (99% de cobertura), para descender a solo 69% en 2024. Hay que recordar que se atravesó la pandemia del Covid. Además, en 2022 se ejerció solamente 25% del presupuesto aprobado para el programa de vacunación; en 2023, 21% y en 2024, 31.6%. Los datos son contundentes y la correlación parece obvia. No se podría eludir esa responsabilidad.

Ahora bien, un mejor indicador es la respuesta inmune. Se evalúa midiendo la presencia de anticuerpos específicos en sangre. Eso lo hace la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) tomando muestras en un grupo de la población que, por sus características, represente al conjunto. También se llama muestra. El gobierno mostró los resultados de 2022 en una conferencia mañanera: la generación nacida entre 1993 y 2002 es la que tiene menor proporción de anticuerpos neutralizantes contra el sarampión. Ah, será culpa de Salinas y de Zedillo. A pesar de que ese grupo etario mostró tasas de vacunación satisfactorias.

El fenómeno es complejo y preocupante. Hay evidencias más que suficientes de que lo que realmente protege es la vacuna a dos dosis.

De esta manera, podemos concluir con los autores que: a) hay grupos de población vacunada con “desvanecimiento inmunológico”; b) en la época 4T ha habido subejercicio presupuestal y un descenso importante en las tasas de vacunación; c) también hay —y no es un dato menor— un incremento de las personas que, a pesar de todas las evidencias, desconfían de las vacunas ,según reporta la Pandemic Recovery Survey que produce el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud, la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, la Universidad de Maryland y Meta, citado por Navarro y Estrada.

Ojalá ante tanta evidencia se retome el vigor de las campañas de vacunación y aun se incremente, para abatir el reciente rezago. Será mejor para nosotros que el volibol de las culpas.

Exacadémico de la UAQ

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