Para tener unas finanzas sanas hemos hablado de muchas estrategias y herramientas: ahorrar, gastar menos de lo que ganamos, hacer un presupuesto, invertir… Pero hay una pregunta que pocas veces aparece cuando hablamos de educación financiera: ¿qué pasa si algo no sale como lo planeamos?
A veces evitamos pensar en lo que podría salir mal porque parece pesimista o hasta de mala suerte. Pero hablar de riesgos no significa esperar una tragedia, sino aceptar que no todo en la vida se puede planear.
Y aquí vale rescatar aquella pregunta mundialista: ¿y si sí? ¿Y si llega ese imprevisto que nunca pensamos que nos tocaría? ¿Qué pasa si mañana perdemos nuestro trabajo? ¿Si enfermamos? ¿Si vivimos muchos más años de los que calculamos y nuestro ahorro para el retiro no alcanza?
La diferencia puede estar en qué tan preparados estamos para enfrentarlo sin poner en riesgo todo lo que hemos construido. También de eso se tratan las finanzas personales: de aprender a vivir con el riesgo sin vivir con miedo.
Y vaya que nos hace falta. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023, elaborada por el INEGI y la Condusef, 59.5% de los adultos en México presenta algún grado de estrés financiero. Pero hay otros dos datos que dicen mucho sobre nuestra capacidad para enfrentar un imprevisto: solo 21.8% lleva un presupuesto o registro de sus ingresos y gastos, y apenas 18.4% cuenta con un fondo para emergencias.
Es decir, hablamos mucho de cómo hacer crecer nuestro dinero, pero quizá todavía hablamos poco de cómo protegerlo.
Para llevar esta visión a más personas, el Colegio Nacional de Actuarios (CONAC) y el Museo Interactivo de Economía (MIDE) unieron esfuerzos para incorporar la prevención y la gestión de riesgos a la educación financiera. La idea es ampliar la conversación: no basta con aprender a ahorrar o hacer un presupuesto; también necesitamos herramientas para tomar mejores decisiones frente a situaciones que pueden afectar nuestro patrimonio y nuestro futuro financiero.
Como explica Mauricio Arredondo Fernández Cano, presidente del CONAC, los actuarios trabajan precisamente en medir y anticipar riesgos relacionados con decisiones tan importantes como contratar un seguro, planear el retiro o enfrentar los efectos económicos del envejecimiento y el cambio climático. Para Silvia Singer Sochet, directora general del MIDE, comprender estos temas “es tan importante como saber ahorrar”.
La alianza del CONAC y el MIDE llevará este conocimiento a la práctica mediante talleres, conferencias y contenidos sobre seguros, ahorro para el retiro, pensiones, administración de riesgos y prevención financiera, además de fortalecer la educación continua de los actuarios. El objetivo de fondo es sencillo, pero relevante: traducir conocimiento especializado en herramientas que nos ayuden a tomar mejores decisiones financieras en la vida cotidiana.
No podemos anticipar todo lo que nos ocurrirá, ni se trata de vivir esperando la siguiente crisis. Pero una buena educación financiera no solo nos enseña qué hacer con nuestro dinero cuando todo marcha bien; también debe ayudarnos a estar preparados cuando las cosas no salen como esperábamos.
Así que quizá la próxima vez que revisemos nuestras finanzas deberíamos hacernos una pregunta más: ¿y si sí pasa? Porque si bien no podemos controlar todos los riesgos, sí podemos decidir qué tan preparados queremos estar para enfrentarlos.
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