Hablar de dinero con niños sigue siendo un reto. No porque sea complicado, sino porque durante años nos enseñaron que no era un tema para la conversación cotidiana, mucho menos para la infancia.
A la gran mayoría de los adultos no nos enseñaron estos temas, los vimos lejanos, como algo que se resuelve en silencio, entre adultos, muchas veces con estrés, o incluso con miedo.
De acuerdo con la Estrategia Nacional de Educación Financiera 2025-2030, 6 de cada 10 mexicanos no recibieron educación financiera en casa, y en la mayoría de los hogares simplemente no se habla del tema.
Por eso no es sorpresa que ya adultos, el dinero genere ansiedad, incertidumbre o malas decisiones. Hoy, solo 36% de los mexicanos cuenta con conocimientos financieros básicos y apenas una cuarta parte planifica sus gastos. No es un tema menor, porque esto se refleja cada día, en lo que podemos o no construir y/o en la calidad de vida que queremos o no vivir.
Porque la relación con el dinero no empieza cuando recibimos el primer sueldo. Nada más equivocado. Empieza desde ese deseo de compra, “quiero eso” “cómprame aquello” o en ese “no alcanza”, que nos dan como respuesta. Comienza en las decisiones que tomamos y que los niños observan todos los días sin que nadie se las explique.
Por eso resulta tan relevante que hoy existan iniciativas que buscan cambiar esta conversación desde la raíz.
Recientemente, el Museo Interactivo de Economía (MIDE) presentó la serie de libros “Finanzas para la infancia”, desarrollada en colaboración con Clip, FinLink y la editorial Ateconqueso, que busca desmitificar la economía y acercar a las familias a temas financieros, impulsando la conversación alrededor del dinero, como una herramienta para vivir mejor.
No se trata de enseñar fórmulas, sino de ayudar a los niños a diferenciar entre lo que necesitan y lo que desean, a entender que el dinero no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para tomar decisiones y construir bienestar.
Y ahí está el verdadero punto de quiebre. Cuando un niño entiende que el dinero no es infinito, pero tampoco es un enemigo; que sirve para comprar, pero también para ahorrar, compartir e incluso invertir, algo cambia.
Tal vez por eso vale la pena replantear qué significa realmente preparar a nuestros hijos para el futuro. Durante años hemos pensado en herencias, en seguros, en patrimonio. Pero hay algo mucho más poderoso que cualquier activo: enseñarles a tomar decisiones con su dinero.
Sí, ya hay esfuerzos que buscan acercar estos temas a la infancia. Pero el cambio real sigue ocurriendo en casa. En lo que decimos, en lo que callamos, en cómo explicamos y en qué tanto estamos dispuestos a hacer del dinero un tema cotidiano y no un tabú.
No se trata de formar niños que sepan de finanzas, se trata de formar adultos que no le tengan miedo al futuro. Y eso, en un país donde la educación financiera sigue siendo una deuda pendiente, puede hacer toda la diferencia.
@finanzasentacon