Siempre he destacado a la educación financiera como un aliado clave para el bienestar integral de las personas, ya que las empodera para tomar decisiones informadas y responsables al respecto del dinero, mejorando su salud económica y calidad de vida.
Es por eso que resulta fundamental enseñar a los niños y niñas desde temprana edad buscando cerrar la brecha significativa en la alfabetización financiera que hay a nivel mundial.
Y si bien, he mencionado el papel fundamental de los padres en este sentido, considerando que la educación financiera se aprende con el ejemplo y en la casa, hoy quiero voltear la cara de la moneda.
Hay investigaciones que demuestran que aprender sobre educación financiera en las escuelas no sólo puede empoderar a los estudiantes, sino también a sus padres.
En 2016 se realizó en Perú un estudio sobre los efectos de una iniciativa de educación financiera escolar. Este programa integraba lecciones al respecto en las clases regulares, apoyadas por cuadernos de trabajo especialmente diseñados que abordaban temas esenciales como la elaboración de presupuestos, los productos financieros y el consumo responsable.
Asimismo, los docentes recibieron capacitación y recursos para poder impartir el tema de manera efectiva.
¿Qué sucedió? No sólo se generaron avances significativos en la alfabetización financiera de los estudiantes, sino que se evidenció un efecto dominó de la educación financiera en los padres de estos menores.
Se involucraron a más de 20 mil estudiantes y analizaron los registros de las centrales de crédito de más de 10 mil padres, mostrando que los estudiantes pueden transmitir conocimientos financieros valiosos.
Algo que llamó mi atención es que las familias con hijas en el programa registraron beneficios particulares, como un aumento de 6.7% en los puntajes crediticios y una reducción de 28% en la morosidad de los préstamos. Esto muestra que el impacto de la educación financiera en los hogares puede tener una dimensión específica de género, y sugiere que, en muchas familias, las hijas pueden tener una voz más fuerte en cuestiones económicas.
Lo que relevó este estudio no es cosa menor, muestra que cuando los niños adquieren alfabetización financiera, pueden convertirse en “educadores involuntarios” pero efectivos de sus papás.
Hace unas semanas, se presentó en México, la Estrategia Nacional de Educación Financiera 2025-2030, por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que busca incorporar contenidos sobre finanzas en las escuelas públicas del país, desde educación básica hasta superior.
Se espera que el proyecto se aplique de forma gradual, y entre las acciones que se pretenden, está que la SEP incluya la educación financiera en su programa de educación formal. Ojalá que esto se concrete, y que no sólo las nuevas generaciones se armen de herramientas, sino que puedan ayudar a generar cambios positivos dentro de sus familias. Seguiremos este tema muy de cerca.

