Cuando escuchamos la palabra “seguro”, la mayoría piensa inmediatamente en protección, en ese respaldo que aparece por si un imprevisto toca nuestra puerta.
Sin embargo, lo que pocas personas saben es que existen seguros que no sólo protegen, sino que también pueden ayudarte a cumplir metas financieras, generar disciplina encaminada al ahorro e incluso convertirse en un instrumento para construir patrimonio.
Hay quienes dicen que el mejor seguro es aquel que no se usa, respondiendo a esa máxima financiera que subraya que es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo.
Sin embargo, aunque es verdad que contratar un seguro permite vivir sin miedo al futuro, transfiriendo riesgos y protegiendo el patrimonio ante eventos inesperados, también es cierto que hay seguros que no sólo cuidan, sino que también hacen crecer tu dinero.
Y esto toma gran relevancia en un país donde el ahorro formal aún es un desafío estructural. Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), apenas 47% de la población en México reporta tener algún tipo de ahorro, y gran parte de este se mantiene de manera informal.
Además, una proporción importante de personas no podría enfrentar un gasto inesperado con recursos propios, lo que evidencia la fragilidad financiera de muchos hogares.
El panorama hacia el retiro tampoco resulta alentador. La Consar ha advertido que más de 60% de los trabajadores mexicanos podría no contar con una pensión suficiente para mantener su nivel de vida, mientras que el ahorro voluntario sigue siendo una práctica poco extendida. Frente a esta realidad los seguros con componente de ahorro o inversión son una opción de gran utilidad, ya que combinan dos funciones en una sola herramienta.
Por un lado, ofrecen protección ante riesgos como fallecimiento, invalidez o accidentes; por otro, destinan una parte de la prima a un fondo que permite acumular o invertir dinero a lo largo del tiempo.
Dentro de esta categoría existen diferentes modalidades. Los seguros de vida con ahorro son los más conocidos: funcionan mediante aportaciones periódicas que, al finalizar el plazo contratado, generan un capital acumulado que puede destinarse a metas como la educación de los hijos, el enganche de una vivienda o la creación de un fondo para el retiro.
También existen los seguros dotales, que operan como una especie de alcancía protegida, garantizando la entrega de una suma determinada al final del plazo establecido. Están asimismo los seguros vinculados a inversiones, donde parte del dinero se invierte en fondos financieros, lo que abre la posibilidad de mayores rendimientos, aunque también implica asumir riesgos de mercado.
En ese sentido, los seguros con ahorro pueden convertirse en aliados porque fomentan la disciplina financiera y al mismo tiempo, ofrecen la tranquilidad de que, ante cualquier eventualidad, la protección permanece, mientras que, si no ocurre ningún imprevisto, el ahorro sigue acumulándose. Así que quizá es momento de empezar a ver opciones que van más allá y permiten vivir nuestro presente mientras construimos hacia el futuro.