Durante años nos dijeron que el amor y el dinero no se mezclan. Que hablar de finanzas en pareja era incómodo, poco romántico o hasta interesado, y que en una relación, la mujer debía renunciar a su independencia económica. El problema es que esa narrativa ha sido tan injusta, como real.
Esta semana, Ana Paola Villegas presenta su libro Despechada, pero con lana, que reúne 10 historias basadas en hechos reales que ponen sobre la mesa una verdad incómoda: muchas mujeres aman sin tener dinero propio, construyen sin estar en la conversación financiera y dependen económicamente de sus parejas sin siquiera darse cuenta.
En México, 80.6% de las personas sin ingresos son mujeres, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi.
Ojo, esto no significa que no trabajen. Significa que muchas realizan labores de cuidado no remuneradas, administran el hogar y sostienen emocionalmente a sus familias, pero sin independencia financiera.
Ya lo hemos hablado en este espacio, cuando una mujer no tiene dinero propio, pierde seguridad en sí misma y libertad de decisión, para irse, para quedarse, para reinventarse o simplemente para elegir.
Ana Paola dice que lo que la motivó a escribir este libro es compartir con las mujeres la importancia de la autonomía financiera, pero también para abrir los ojos e identificar que el verdadero amor en una relación no te obliga ni te somete, y que si de amor se trata, lo más importante es el amor a una misma. A través de relatos de otras mujeres, con los que seguramente veremos reflejada alguna historia cercana, la autora también hace hincapié en que la independencia económica tampoco significa dejar de creer en el amor.
Significa amar desde la libertad, construir en pareja sin perder identidad financiera y compartir sin desaparecer.
Porque si algo es real, es que la vida cambia, las relaciones se transforman. Y aunque nadie inicia una historia pensando en el final, nada garantiza que esa relación dure toda la vida, los imprevistos existen, desde separaciones, enfermedades, pérdidas de empleo o decisiones inesperadas.
Tener herramientas financieras permite enfrentar esos momentos con claridad y con empoderamiento, un concepto que no es una palabra de moda, es la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, tienes opciones.
Tener dinero propio, ahorro, educación financiera, patrimonio y capacidad de decisión. Eso es lo que transforma la vulnerabilidad en resiliencia.
No es egoísmo, es protección, es poder decir: “me quedo porque quiero, no porque no tengo a dónde ir”.
Se calcula que 70% de las mujeres que sufren violencia física siguen con sus agresores por temas económicos. Y quizá esa sea la mayor lección: la mejor historia de amor es aquella donde eliges quedarte, teniendo siempre la libertad de irte.
Finalizo con una cita de este libro: “Nuestra autonomía no puede depender de la promesa de que alguien más nos va a cuidar. No podemos seguir sin plan B, sin red de protección, sin dinero a nuestro nombre (...) tener control sobre tu dinero es tener el volante de tu vida”.