Vivimos un momento de transformación a raíz de la socialización de la Inteligencia Artificial (IA) y la propuesta de desarme en La Encíclica Magnifica Humanitas de León PP. XIV sobre la Custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial (IA), en su capítulo tercero habla de la grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA, donde señala que se requiere discernir a nivel personal, moral y social, sobre la importancia de la protección de la inteligencia humana, en particular al hacer referencia a la conciencia y libertad, que deben guiar las innovaciones técnicas, el uso con responsabilidad, además de establecer sus límites.
La IA “Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias”. También indica que “La imitación artificial de una comunicación humana positiva puede resultar gratificante e incluso útil, pero en usuarios poco conscientes puede inducir a engaño y dar la falsa impresión de estar en una relación con un auténtico sujeto personal”.
Recordemos el uso de IA incluso para engañar con imágenes y manipulación de audios o videos a las personas en diferentes partes del mundo, que han logrado engañar o por lo menos poner a dudar en más de una ocasión respecto a su contenido y veracidad.
Es relevante el señalamiento de que “Cuando la palabra es simulada, esta no construye una relación, sino una apariencia. La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro”. Un punto relevante considerando la sociedad en que vivimos con altos márgenes de pobreza, analfabetismo y márgenes elevados de discriminación.
Otro elemento relevante ante el cual se posiciona es la maximización de los sesgos y tendencias en los algoritmos, alimentados por seres humanos “El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad …puede haber usos evidentemente antihumanos, como la manipulación de la información o la violación de la privacidad, pero puede haber también un engaño menos evidente, cuando los sistemas de IA, presentándose como neutrales y objetivos, reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideologías de quienes los han diseñado y programado”.
Pero, asume que es un problema que no puede resolverse desde la espiritualidad o la religión.
Propone incluso una postura a la que denomina desarme de la IA, entendida como “…sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida”. Parte del supuesto de que es un espacio en el cual “La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora”. Lo que nos hace pensar en las siguientes etapas de la IA y la urgencia de legislar en la materia.