La inteligencia artificial (IA) antes pertenecía a la ciencia ficción, ahora es una constante en nuestra vida diaria. Desde asistentes virtuales hasta algoritmos que optimizan procesos industriales, su uso se extiende a prácticamente todos los ámbitos. Uno de los debates más relevantes en el derecho mexicano contemporáneo es su posible incorporación en la impartición de justicia. ¿Puede la IA ser una herramienta útil para los juzgados? ¿Es capaz de reducir los sesgos y discriminación inherentes al sistema judicial?
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha reconocido que el uso de la tecnología y la IA en el ámbito judicial es un tema que merece un profundo análisis. En sus resoluciones, la Corte ha subrayado la importancia de garantizar que cualquier herramienta tecnológica utilizada en la impartición de justicia cumpla con los principios de imparcialidad, transparencia y respeto a los derechos humanos. Sin embargo, hasta el momento, los requisitos para su implementación no son abundantes ni claros, lo que genera incertidumbre sobre su uso en el futuro cercano.
La impartición de justicia debe cumplir con principios fundamentales como la imparcialidad, la independencia, la transparencia y el respeto a los derechos humanos. Estos principios están consagrados en el artículo 10 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así como el artículo 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que garantiza el derecho de toda persona a acceder a la justicia.
La IA, para funcionar de manera eficiente, requiere ser entrenada con grandes volúmenes de datos. Este proceso de aprendizaje plantea un desafío ético y jurídico: ¿cómo evitar que los sesgos presentes en los datos perpetúen discriminación, estereotipos de género, violencia digital o mediática? La historia reciente nos ha mostrado que los algoritmos pueden amplificar prejuicios si no se diseñan y supervisan adecuadamente. En este sentido, la recopilación y promoción de buenas prácticas en la impartición de justicia se vuelve crucial para garantizar que la IA sea una herramienta que refuerce la equidad.
La IA, aunque puede ser una herramienta útil para agilizar procesos y analizar grandes volúmenes de información, no puede sustituir la función humana en la impartición de justicia. El juicio humano, por más falible que sea, está impregnado de valores éticos y morales que una máquina no puede replicar. Sin embargo, la IA puede desempeñar un papel complementario, por ejemplo, en la clasificación de expedientes, la predicción de tiempos procesales o la detección de sesgos en sentencias anteriores.
La inteligencia artificial tiene el potencial de transformar el sistema de justicia en México, pero su implementación debe ser cuidadosamente regulada para evitar riesgos como la perpetuación de sesgos y discriminación. La SCJN ha dado pasos importantes al reconocer la relevancia de este tema, pero aún queda mucho por hacer en términos de legislación y buenas prácticas. La participación ciudadana, la especialización de los juzgadores y el respeto a los derechos humanos deben ser pilares fundamentales en este proceso.