En el arte contemporáneo latinoamericano hay creadoras que no producen obra, sino infraestructura. No levantan lienzos: levantan plataformas. Zélika García pertenece a esa categoría. Su nombre está ligado de manera definitiva a ZSONAMACO, pero su incidencia supera la escala de una feria: configuró un ecosistema profesional que modificó la manera en que México se relaciona con el arte contemporáneo.
Nacida en Monterrey, Nuevo León, en 1977; creció en un entorno ajeno al circuito artístico profesional, aunque sensible a la experiencia estética. Fue su abuela quien la acercó a museos y exposiciones desde la infancia. Estudió Artes en la Universidad de Monterrey y se graduó en 1998 con la intención de convertirse en artista. Sin embargo, al trabajar en galerías del norte del país detectó una carencia estructural: México no contaba con una plataforma sólida que conectara artistas, galerías, coleccionistas y públicos en un circuito articulado con proyección internacional. Había talento y producción; faltaba sistema.
El punto de inflexión llegó en 2002, cuando desapareció Expo-Arte Guadalajara. El vacío fue evidente. Donde otros vieron una pérdida, García identificó una posibilidad. Decidió fundar una feria que no solo exhibiera obra, sino que profesionalizara relaciones. Así nació Muestra 1 en Monterrey con cuarenta galerías. Al año siguiente el proyecto se trasladó a Ciudad de México y en 2004 adoptó el nombre MACO (México Arte Contemporáneo), que más tarde derivaría en ZSONAMACO. Los primeros años estuvieron marcados por la incertidumbre. El mercado del arte en México era reducido y existía escepticismo sobre la viabilidad de una feria de esa escala. La estrategia fue clara: construir confianza. Escuchar a expositores y coleccionistas, consolidar alianzas, sostener una visión a largo plazo. La constancia resultó más decisiva que el entusiasmo inicial.
Con el tiempo, la feria dejó de ser un evento único para convertirse en una plataforma diversificada. Esta expansión no fue ornamental. Respondió a una lectura precisa del contexto: el ecosistema cultural necesitaba espacios especializados que profesionalizaran sectores históricamente dispersos. Cada sección incorporó curadores invitados y comités de selección que renovaron la mirada y mantuvieron el proyecto en diálogo con el escenario global.
Uno de los efectos más visibles de esta consolidación es la llamada Semana del Arte en Ciudad de México. Lo que comenzó como una feria puntual en febrero terminó por activar a la ciudad entera. Museos y espacios clave —como el Museo Universitario Arte Contemporáneo, el Museo Jumex, el Museo Nacional de Arte, el Palacio de Bellas Artes y el Museo Tamayo— sincronizan exposiciones e inauguraciones que convierten a la capital en un nodo internacional. El impacto no es únicamente cultural: es urbano, turístico y económico. Otro eje central ha sido el impulso a artistas emergentes. Desde sus primeras ediciones, la feria incorporó secciones específicas para galerías jóvenes y programas de premios y residencias. García ha participado como jurado en iniciativas de adquisición y programas de apoyo que ofrecen no solo reconocimiento simbólico, sino recursos concretos para la producción.

