Kristel González

Dar la vuelta al cuadro III

Hay obras que nos invitan a mirar con atención y otras que nos obligan a preguntarnos qué significa mirar. Frente a Las ancestras que tejen, hablan y caminan (2025), de María Sosa en colaboración con María Hernández, quizá lo primero que aparece sea una serie de hilos rojos que atraviesan el espacio. Pero basta detenerse un poco para comprender que esos hilos no están ahí solamente para ser vistos: también hablan de cuerpos, de conocimientos transmitidos y de relaciones que existen mucho antes de que una obra ocupe una sala de museo.

Presentada en el Jardín Escultórico del Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, la intervención está compuesta por seis estructuras de urdimbre roja, de entre cuatro y siete metros de longitud. En su disposición, el telar de cintura deja de aparecer únicamente como una herramienta para convertirse en una presencia que organiza el espacio y nos recuerda que tejer es una práctica que compromete al cuerpo entero. La tensión de los hilos depende de una relación: uno de los extremos se sujeta a un árbol, mientras el otro se vincula con el cuerpo de quien teje. Entre ambos se construye la posibilidad del tejido.

No hay aquí una materia pasiva que espera recibir una forma; hay una relación entre la fibra, la tensión, el movimiento y la atención, el cuerpo no se encuentra fuera del proceso, como si fuera una mano que ejecuta una idea concebida en otra parte; participa en la producción misma del conocimiento. La técnica se aprende con los ojos, con las manos, con la postura y con el tiempo. Se aprende observando, intentando, equivocándose y volviendo a empezar. También se aprende conversando: escuchando a quienes conocen los materiales y guardan, en sus gestos, una experiencia que no siempre puede traducirse en instrucciones escritas.

En esta obra, María Sosa trabaja en colaboración con María Hernández, maestra tejedora que ha sido también su maestra en el aprendizaje del oficio. Nombrar a ambas no es un detalle secundario ni una cortesía añadida a la ficha de una exposición. Es reconocer que detrás de una práctica artística existen formas distintas de saber y que su encuentro puede transformar lo que una obra llega a ser. Esto tampoco significa que todas las personas involucradas en una creación desempeñen el mismo papel. Sosa articula una propuesta artística que lleva el telar de cintura a otro contexto; Hernández aporta una experiencia y un conocimiento especializado en la práctica del tejido. Sus contribuciones son diferentes, pero se encuentran en un espacio común. La colaboración permite que esos saberes dialoguen sin que uno tenga que desaparecer para que el otro resulte visible.

El título de la pieza abre otra dimensión. “LAS ANCESTRAS QUE TEJEN, HABLAN Y CAMINAN”Las ancestras no son únicamente figuras situadas en un pasado distante, convertidas en imágenes solemnes para la contemplación. También pueden entenderse como una presencia que persiste en los procedimientos, los relatos y los conocimientos que pasan de una generación a otra. Hablan porque hay palabras que acompañan el aprendizaje; tejen porque el conocimiento se actualiza en la práctica; caminan porque ninguna tradición permanece viva por sí sola: necesita personas que la lleven consigo, la enseñen y encuentren maneras de hacerla continuar.

La propuesta de Sosa relaciona el cruce de los hilos con el ollin, símbolo asociado al movimiento, y con la interacción de fuerzas complementarias en la creación de la vida. El tejido aparece así como una forma de pensar el mundo: no una suma de elementos aislados, sino una trama donde cada parte afecta a las demás. La conexión entre cuerpo, árbol y fibra hace visible esa idea sin necesidad de convertirla en una explicación abstracta. La relación sucede materialmente, frente a nosotros.

Quizá ahí resida una de las preguntas más importantes que plantea esta intervención: ¿qué conocimientos reconocemos como arte y cuáles dejamos fuera de esa categoría? Con frecuencia, al encontrarnos ante una obra, buscamos identificar a su autora, interpretar su intención y comprender la imagen que tenemos enfrente. Sin embargo, esa mirada puede resultar insuficiente cuando el objeto contiene una historia de aprendizajes, técnicas y relaciones que no caben en una sola firma.

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