En muchos ríos del centro de México vive un pez tan pequeño que casi pasa desapercibido (7 centímetros de longitud promedio). Sin embargo, su presencia está generando un problema ambiental serio. Se trata del pez conocido como Guatapote Manchado (Nombre científico: Pseudoxiphophorus bimaculatus), una especie nativa de Centroamérica que ha sido introducida fuera de su área natural y que hoy se comporta como un invasor exitoso.
Investigadores del Centro de Inteligencia Hídrica y Ecohidrología de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma de Querétaro y del Laboratorio de Biología Acuática de la Facultad de Biología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo analizaron cómo se alimenta este pez en distintos ecosistemas acuáticos como embalses, arroyos y ríos de las Cuencas del Río Lerma-Chapala y del Río Pánuco en los estados de Guanajuato y Querétaro (Descarga el artículo original aquí: https://doi.org/10.1590/1982-
0224-2019-0080). Lo que descubrieron es inquietante: su dieta cambia según el estado de salud del ecosistema. En ríos contaminados, donde pocas especies sobreviven, el Guatapote Manchado se alimenta de restos orgánicos y larvas de moscos resistentes a la contaminación. Es decir, logra vivir donde otros peces no pueden.
Pero el problema no termina ahí. En ríos mejor conservados, con agua más limpia y mayor diversidad de vida, este pez aprovecha la abundancia. Su dieta se vuelve más variada y puede incluir insectos acuáticos, pequeños crustáceos y, en los casos más preocupantes, huevos de peces nativos. Esto significa que no solo compite por alimento, sino que afecta directamente la reproducción de otras especies.
Este comportamiento explica por qué el Guatapote Manchado se propaga con tanta facilidad. Es resistente, se adapta rápido y puede sacar provecho tanto de ríos degradados como de ecosistemas bien conservados. Así, mientras la actividad humana deteriora los ríos, este invasor encuentra nuevas oportunidades para establecerse.
El estudio deja una lección clara: las especies invasoras no siempre son grandes ni llamativas, pero pueden causar impactos profundos. La pérdida de biodiversidad no ocurre de un día para otro; comienza con pequeños cambios que alteran el equilibrio natural.
Proteger los ríos no solo implica limpiar el agua o restaurar las orillas. También significa evitar la liberación de especies exóticas y entender que acciones cotidianas, como tirar un pez de acuario en un río, pueden tener consecuencias graves.
Cuidar los ecosistemas acuáticos es una responsabilidad compartida y urgente, porque de ellos depende mucho más que el paisaje: depende la vida que sostienen.
Profesor-Investigador de la Facultad de Ciencias Naturales, UAQ.
Fuente: https://akvaristalexikon.hu/akvariumi-halak/elevenszulo-fogaspontyok/pseudoxiphophorus-bimaculatus.html

