El avance de las instituciones de educación superior (IES) públicas en México se distinguió por los esfuerzos realizados, desde hace más de medio siglo, en la formación de sus docentes a través del apoyo que les brindaron para que llevaran a cabo estudios de posgrado, muchos acudieron a la UNAM, por ser la principal alternativa en el país con capacidad y calidad en opciones en las diversas líneas del conocimiento, así como la mayor y mejor infraestructura disponible.
Los académicos de las IES públicas realizaban sus estudios de maestría principalmente en la UNAM y al concluirla regresaban a sus universidades de origen. No todos obtenían el grado, el cual requería llevar a cabo la tesis correspondiente y su aprobación ante un jurado que los examinaría, partiendo de la tesis previamente aprobada; existía otra opción, poco utilizada, consistente en hacer un examen general ante un jurado.
Es oportuno destacar, que los interesados en ingresar a un programa de posgrado en la UNAM deben aprobar los exámenes de admisión, además de cumplir diversos requisitos. Los exámenes de admisión revisan el dominio del conocimiento indispensable para que los aspirantes tengan la posibilidad de realizar exitosamente el programa.
Los maestros que se trasladaban a la UNAM en la Cd. de México, con la anuencia y apoyo de sus universidades de procedencia, recibían normalmente el apoyo financiero para cumplir cabalmente el propósito, dedicados de tiempo completo, para cursar y aprobar las asignaturas necesarias del programa correspondiente y realizar la investigación que los llevara a su tesis de grado.
Los programas de maestría establecían una duración de dos años para alumnos de tiempo completo; sin embargo, resultaba muy difícil, en ese lapso, disponer del tiempo suficiente para concluir la investigación que sustentaría la tesis de grado, sobre todo en ámbitos como las ingenierías, cuando la investigación exige trabajo experimental de soporte y mucho tiempo para realizarse.
Por lo anterior, muchos egresados de maestría no obtenían el grado, aunque si cumplieran con los créditos necesarios señalados al programa. Las asignaturas tenían un valor en créditos, según las horas de impartición de cada cátedra a la semana o de trabajo complementario, como sigue sucediendo.
Si bien es cierto que muchos de los académicos de las IES publicas llevaban a cabo sus estudios de posgrado principalmente en la UNAM, también se daba el caso de aquellos que los realizaban en alguna otra de las pocas IES que impartían estos estudios en México.
También, hace casi medio siglo, las IES de los estados empezaron a contratar maestros que ya contaban con estudios de maestría realizados en México o en el extranjero, básicamente en los Estados Unidos. Asimismo, alumnos recién egresados de la licenciatura en las IES del país, estaban dispuestos a estudiar maestrías y doctorados de calidad en la UNAM (mi caso) o en el IPN, así como en otras IES mexicanas y en el extranjero, gracias a las becas del CONACYT.
El CONACYT tenía folletos informativos para los aspirantes a beca, relativos a las instituciones y los programas, los cuales brindaban orientación sobre las opciones, calidad y prestigio. (Continuará)
Ex rector de la UAQ