En la búsqueda de un director de tesis para obtener el grado de maestría en mecánica de suelos en la DEPFI-UNAM, identifiqué a un profesor que había dirigido un par de tesis sobre el comportamiento mecánico de suelos expansivos, sin embargo, el tiempo que había requerido la realización de dichas tesis, en ambos casos, fue de dos a tres años, después de completar los créditos necesarios por asignaturas durante dos años; lo cual significaba una dedicación de cuatro a cinco años para lograr el grado mediante la tesis y el examen correspondiente.
Con el antecedente señalado, preferí realizar una tesis con otro tema, el cual me fue propuesto por el Dr. Abrahán Díaz Rodríguez, quien fue mi profesor de la asignatura mecánica de suelos II en el posgrado. El tema elegido fue sobre el comportamiento mecánico de medios granulares utilizando una arena de pómez (arena pumítica), la cual es consecuencia de las erupciones volcánicas. Este material había sido poco estudiado en México, a pesar de encontrase en forma abundante en el país y en el mundo. En la práctica, la arena y la grava pumítica han sido muy utilizadas en la construcción de terraplenes y también llegan a ser receptoras de cimentaciones de diversas edificaciones, tal es el caso de la ciudad de Guadalajara.
En mis estudios de posgrado observé que el programa de maestría contenía teorías orientadas principalmente a los suelos saturados, que son aquellos formados únicamente por dos fases, la líquida y la sólida (agua y sólidos), que es el caso del subsuelo del Valle de la Ciudad de México (principalmente arcillas blandas bajo el nivel de aguas freáticas, además de dos capas duras formadas mayormente por arena.
Las arcillas expansivas del valle de la ciudad de Querétaro tienen tres fases, formadas por sólidos, agua y aire, lo cual requiere de teorías más complejas para explicar su comportamiento mecánico e hidráulico, esto es la mecánica de suelos no saturados.
En estas circunstancias y con el aprendizaje correspondiente, logré culminar la tesis de maestría, con cerca de 2,500 horas de trabajo experimental y teórico, teniendo como sinodales a los doctores Abraham Díaz Rodríguez, Eulalio Juárez Badillo y Leonardo Zeevaert Wiechers, logrando la aprobación del examen a finales de 1982.
Con el Dr. Leonardo Zeevaert (quien fue el principal ingeniero en la realización de la Torre Latinoamericana), cursé la asignatura y un seminario de cimentaciones, substancialmente orientados a cimentaciones en el valle de la Cd. de México, fue una excelente experiencia de aprendizaje, por las condiciones especialmente difíciles asociadas a este suelo saturado (con los poros llenos de agua) muy blando y sujeto a gran actividad sísmica.
En el posgrado en la DEPFI-UNAM, acumulé más créditos de los requeridos para la maestría y el Dr. Abraham Díaz me señaló continuar con el doctorado. Por su parte, el Instituto de Ingeniería de la UNAM me invitó a integrarme con ellos, con apoyo económico; ciertamente, hubiese sido posible tener beca del CONACYT para el doctorado.
Regresé a Querétaro, luego de graduarme, para ejercer la mecánica de suelos y atender la problemática de la región. (Continuará)
Ex rector de la UAQ
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