Realizar mis estudios de posgrado en la UNAM, la maestría en Mecánica de Suelos, resultó enormemente favorable en conocimientos y formación para la investigación, exigió dedicación plena.

Las materias a cursar por semestre normalmente eran tres o cuatro y cada una tenían valor de seis créditos, correspondientes a dos sesiones del profesor de hora y media cada una a la semana. Si bien la carga académica por semana consistía en nueve o doce horas del profesor frente al grupo de alumnos, las exigencias de estudio y trabajo (tareas) fuera del aula requerían del uso completo de la misma semana, no quedaba tiempo libre.

En algunas ocasiones se dejaban tareas intensas y complejas que implicaban que no sería posible dormir para poder terminar en el plazo de entrega indicado por el profesor, lo cual se observaba como un ejercicio de trabajo intelectual y de disciplina que ciertamente brindaba aprendizaje.

Así transcurrían los dos años para culminar los créditos necesarios para completar el programa, en ese mismo periodo resultaba poco factible realizar simultáneamente la investigación que llevara a la tesis de grado y al examen de grado ante el jurado. En estas circunstancias, la principal opción para obtener el grado a quienes culminábamos los créditos, era definir un tema de tesis (investigación) con un profesor, registrarlo, preparar el proyecto y conocer del nombramiento del jurado (cinco profesores).

En ese tiempo, entre 1978 y 1982, conocí compañeros del posgrado que duraron de dos a tres años de investigación para culminar la tesis de grado de la maestría y el examen respectivo, además de los dos años previos en que requirieron para completar los créditos del programa de estudios.

En mi caso, al completar en los dos años (1978-1979) los créditos de la maestría (que incluyó las asignaturas obligatorias y otras optativas), observé la necesidad de conseguir trabajo para poder financiar mi estancia en la Cd. de México y no regresar a Querétaro sino hasta conseguir el grado de maestría a través de la tesis necesaria, la cual debería ser una investigación.

Al inicio de 1980 solicité trabajo en la empresa Solum S. A. del Grupo ICA, dedicada a la mecánica de suelos y cimentaciones y se me contrató como ingeniero consultor e inmediatamente me instalé en las oficinas centrales de ICA, donde se encontraba Solum; así tuve la oportunidad de aplicar el conocimiento logrado en el posgrado. Participé en estudios de mecánica de suelos para edificios en diversas ciudades del país (incluida la Cd. de México), tanques de almacenamiento y silos, entre otros.

Al ingresar a Solum, también solicite autorización para seguir cursando una asignatura en el posgrado de la UNAM, lo cual me fue autorizado (créditos y aprendizaje que podrían acumularse para la obtención del grado de doctor). Llamó mi atención, que la misma empresa Solum me estaba buscando aprovechando el boletín del CONACYT donde se publican los becarios que concluían sus estudios en 1979, con el propósito de que fueran contactados y contratados por las empresas, instituciones u organismos interesados. A través del mismo boletín del Conacyt, nueve empresas e instituciones buscaron contratarme.

Continuará.

Exrector de la UAQ

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