Las evaluaciones de los profesores a sus estudiantes deben ser objetivas y congruentes con los contenidos, apegadas a la normatividad institucional. En la libertad de cátedra y de acuerdo a la legislación universitaria, los maestros deben presentar y explicar los criterios de evaluación de las materias que imparten a sus educandos, desde el inicio de los cursos correspondientes. Por ejemplo, en la UAQ existe un Reglamento de Estudiantes aprobado por el H. Consejo Universitario (Noviembre de 2007), el cual forma parte de la legislación universitaria; en el Capítulo V se refiere a los exámenes y el Capítulo VI “Recursos” tiene por objeto la modificación o revocación de la calificación relativa al capítulo anterior.
Es de conveniencia y responsabilidad de los educandos, conocer la legislación universitaria, sobre todo aquella que les atañe directamente, como los son los diez capítulos que conforman el Reglamento de Estudiantes. Los funcionarios, los empleados administrativos y los profesores universitarios, también necesitan conocer la legislación de forma general y especialmente la relativa a sus actividades, derechos y obligaciones.
En la UAQ, en el Capítulo V mencionado, el Art. 56 señala textualmente: “Las evaluaciones y exámenes tienen por objeto que el profesor, de manera objetiva e imparcial, disponga de los elementos suficientes, para evaluar la eficacia de la enseñanza y el aprendizaje, de tal forma que el alumno conozca el grado de habilitación que ha adquirido dentro de la Universidad para que mediante las calificaciones obtenidas se pueda dar testimonio de su aprovechamiento”.
La expresión del artículo arriba citado, trata de la gran responsabilidad que tienen los maestros al aprobar a los educandos en los exámenes correspondientes de las asignaturas que imparten, así como en la titulación o examen de grado (maestría o doctorado), lo cual es institucional y de enorme interés para toda la sociedad.
Como profesor y funcionario universitario, tengo diversas anécdotas relativas a los exámenes y las evaluaciones, algunas de ellas las compartiré en el camino de este espacio de opinión.
En la cátedra de mecánica de suelos que impartía en la carrera de ingeniería civil en la UAQ, invitaba a mis alumnos al mayor esfuerzo, para obtener el mejor resultado posible en sus calificaciones, como testimonio del aprendizaje logrado, conocimiento adquirido y su significado en el buen ejercicio de la profesión; también les impulsaba a ser personas íntegras.
De la misma manera, como rector de la UAQ, siempre procuré motivar a toda la comunidad estudiantil para que lograsen los mayores beneficios en aprendizaje, conocimiento y formación integral, con valores como los que expresa el lema universitario que nos legó el insigne educador y filósofo José Vasconcelos, “Educo en la Verdad y en el Honor”.
Los programas de estudio, ya sea en el bachillerato, la licenciatura o en el posgrado, deben tener los alcances y calidad que permitan a los egresados ser competitivos en el ámbito global; no deben ser menores las aspiraciones, para generar y aprovechar las oportunidades, engrandeciendo a nuestro país y elevando el nivel socioeconómico de la población. (Continuará)
Ex rector de la UAQ