Como ya lo he comentado en este espacio, hace poco más de veinticinco años tuve la oportunidad de visitar Venezuela, cuando prácticamente Hugo Chávez había asumido el mando de la denominada República Bolivariana de Venezuela, iniciado apenas en febrero de 1999 y su economía se encontraba sustentada en la sustracción y refinación del petróleo, principalmente en sus exportaciones, aporte que también en México era importante soportado en nuestro caso en un 15 por ciento.
México vivía una transición política, con la llegada del primer presidente no nacido del partido heredero del proceso revolucionario de 1910 y en Venezuela también era la llegada de un presidente electo democráticamente y que tan sólo algunos antes había intentado un golpe de estado, pero con la fuerza de los votos se había apropiado del poder público. La economía en ambos países estaba en crecimiento, principalmente en nuestro caso después de haber pasado la crisis de diciembre de 1994 y que había traído como consecuencia el rescate bancario con la creación del Instituto de Protección al Ahorro Bancario y el fortalecimiento del Banco de México al que se le dotó de autonomía constitucional.
Desgraciadamente al paso de esos veinticinco año, Venezuela se ha sumido en una economía debilitada con el colapso de su principal fuente de ingresos que era el petróleo, una crisis social con diáspora de casi ocho millones de naturales venezolanos y desgraciadamente en un régimen antidemocrático, dictatorial, asistencialista y populista; y por lo que respecta a Mexico no encontramos con una economía en crisis subyacente principalmente por el monto creciente de la deuda externa e interna, con el aumento de compromisos en programas populistas y sin inversión en la planta productiva.
Ahora bien este 2026 fue sorprendido con la detención de Nicolás Maduro, acusado, ante tribunales norteamericanos por narcotráfico, conspiración para importar cocaína, posesión de Armas ventajas corruptas y colaboración con organizaciones criminales, junto con su esposa Cilia Adela Flores; y en su lugar reconoce a Delcy Flores quien fungía como Vicepresidenta como autoridad interina y además plantea un Plan de Estados Unidos para la Estabilización, recuperación y transición de Venezuela, pasando desde luego por la apropiación y control del flujo petrolero pasando desde su explotación y hasta su comercialización.
Ante esta situación, podría esperarse para Venezuela no un colapso inmediato, sino una combinación de endurecimiento interno disputa intra-elite y parte de ondas expansivas regionales en toda América Latina como a Colombia y Cuba, pero del que no se encuentra excepto de ninguna suerte México.
Para el resto de America Latina se vislumbra una pugna nutre la pretensión de la obtención de un poder hemisférico pero detenidos por los límites del poder mismo, siendo los EU el principal protagonista, pero que no es capaz de lograr cambios sustantivos, puesto que ello revelaría límites a su poder.
Desde luego Venezuela y México, somos distinto pero siempre hemos transitado con similitudes, esperando que lo sucedido en Venezuela, de ninguna manera pueda suceder en México y mucho tendrá que ver también, lo que viene con motivo del sojuzgamiento del régimen democrático que hoy tenemos y el estado de derecho que nos da sostenimiento y confianza, por lo que el gobierno federal debería detener su acción de deterioro de institución y restablecer los caminos transicionales que desde hace 25 años comenzaron a realizarse en nuestro régimen político y social en q el veníamos construyendo un mejor país.