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Los fines y principio de año nos invita a discernir de cuáles son los retos que se nos depara en lo personal y en lo colectivo, marcado por distintos acontecimientos que sucedieron en él año anterior y lo que pudieran ser los que habrían de suceder en el que está por comenzar, desde luego hay elementos exógenos y endógenos que son los que pueden marcar el rumbo.
En el ámbito externo sin lugar a dudas las posiciones inciertas que sostiene el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, impactan en lo económico y social, tomando en cuanta la vecindad que tenemos con ese país del norte y que además son nuestros principales socios comerciales, aunado a su beligerancia que dice tener para con las organizaciones de narcotraficantes a las que ya incluso les ha calificado como “grupos terroristas” que conforme al concierto internacional le pudiera permitir actuar extraterritorialmente.
En lo económico es la incertidumbre en cuanto por un lado si se respeta o no, los acuerdos contenidos en Tratado de Libre Comercio que tenemos con Canadá y los Estados Unidos, además que en este año se tiene establecida una revisión que podría desfavorecer a la industria productiva de nuestro país. Desde luego esto pasa por la permisión del apoderamiento de parte de nuestro mercado interno de los productos chinos y asiáticos, así como también el trato comedido que le dispensamos a Cuba, a quien incluso le proveemos importante cantidad de nuestro petróleo procesado.
Ya en lo interno, tenemos que cada vez avanza más la concentración del poder por parte del Ejecutivo Federal, que prácticamente ha borrado la independencia tanto del Poder Legislativo como del Judicial, aunado a la desaparición de los órganos autónomos y que ha pensado incluso a las entidades de nuestro país.
Tan sólo en puerta y para el periodo legislativo que inicia el primero de febrero y concluye el último día de abril, se avizoran entre otras reformas laborales, ambientales, administrativas y mucho muy importante reformas en materia política electoral, que puede esta ser la puntilla para la pérdida de las libertades con el debilitamiento del Instituto Nacional Electoral, más allá de la forma en que se ha venido integrando y la desaparición del andamiaje jurídico en los órganos políticos electorales de los estados.
En materia de seguridad, desgraciadamente el problema no es únicamente el narcotráfico, sino otros operados por la delincuencia organizada, como son el huachicol fiscal con el amparo de las autoridades, así como el cobro de piso en diversas regiones de nuestro país, aunado a la corrupción imperante ante la carencia del aparato de transparencia que se había venido construyendo durante los últimos veinticinco años.
Ciertamente con bombo y platillo se proclama el fortalecimiento del peso frente al dólar, sin embargo prendido de alfileres, ya que se encuentran soportados más que por la inversión y generación de empleo permanente, es producto de la inversión que de manera especulativa hacen los grandes inversionistas, pero que de ninguna suerte es permanente. Y aderezada la detención de nuevas inversiones en nuestro país e incluso la posibilidad de la mudanza que podría darse de algunas de las empresas de mayor empleabilidad en nuestro país y con diferendo jurídico pendiente de resolverse.
Y aún más, para variar, estamos viviendo una radicalización del equipo encabezado por Marx Arriaga, basado en el humanismo latinoamericano que según él tiene como sustento los principios de “no robar, no mentir y no traicionar”. Así las cosas, el escenario no es por nada alentador para nuestro país, pero por fortuna en el caso de Queretaro, sin lugar a dudas, unidos sociedad y gobierno seguiremos cuidando lo que hoy tenemos y nuestro reto es cómo podremos mejorarlo.
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