En la familia, en la escuela, en el barrio, el deporte es escuela de fraternidad, además nos enseña a trabajar en equipo, a eceptar las derrotas y volvernos a levantar, a desarrollar nuestra personalidad y muy importante su práctica nos ayuda frente al aislamiento digital. Y ahora que está iniciando la gran gesta deportiva del mundial de Fútbol a desarrollarse en México, Extados Unidos y Canadá vale la pena hacer ese recordatorio.
He tenido la fortuna como la gran mayoría de nuestto pobló, de tanto en la familia, la escuela, el barrio, practicar algún deporte, basketbol, voleibol, atletismo, boxeo, gimnasia, fútbol y tantos otros, que nos va formando para la vida y los que son su práctica en conjunto como el fútbol nos áurica a eso trabajar en equipo, ya se en nuestra núcleo familiar y que se extiende en nuestro quehacer diario en nuestra comunidad y en nuestro trabajo.
Desde Niño tuve la fortuna de practicar el fútbol, en casa junto con mis hermanos jugando en el patio a tirar ante la portería imaginaria que defendía alguno de los hermanos o incluso alguna de las hermanas no se diga en el barrio conde la cancha se armaba en él misma calle sobre las piedras, o la tierra que le conformaban y las porterías delimitadas por un pequeño montón de piedras de un lado y otro, algunas ocasiones ya entrada la noche y donde éramos alumbrados por el alumbrado público que iniciaba con una luminosidad que supongo era de 60 Watch, hasta que nuestra madre y padre, salían para pedir que nos retornáramos al interior de nuestra casa para cenar e irnos a acostar.
En la escuela no se diga, lo mismo en un campo de tierra que era el el patio tras de nuestra escuela o un patio más pequeño que estaba a un costado, donde disfrutábamos y festejábamos las paradas que el portero con discapacidad en sus piernas realizaba, patio que a la postre se le puso una plancha de cemento gracias al tesón de nuestros padres que se dieron a la tarea de cooperar económicamente y conseguir apoyo de algunos empresarios para lograr poner es plancha de concreto donde lo mismo seguíamos jugando fútbol, basquetbol o voleibol y muchas otras actividades físicas al dire libre.
Y también ser parte integrante de un equipo de fútbol integrado por los compañeros del barrio, encabezados por un compañero de nombre Lazaro Tapia Martinesz que a temprana edad se adelantó a la Casa del Padre y tome el liderazgo de ese gran equipo, inscrito en la Liga de fútbol denominada Clubes Unidos, conformando cinco equipos conformados con niños desde 8 años que era la infantil junior, desde los diez que era infantil menor, los de 12 que era la infantil mayor, los de 14 la juvenil estándar, a partir de los 14 juvenil estándar y a partir de los 18 años que era juvenil estándar, en donde por cierto jugaba ya fuera como portero o en el extremo derecho, por lo que en esto último luego me identificaban como de extrema derecha.
Este equipo de barrio me exigía que desde el viernes por la noche y hasta las domingos a las 18 horas, estuviera desempeñando distintos roles en ese equipo de fútbol conformado en los años setentas en el barrio de la Cruz y que le denominamos como Boca Juniors, como entrenador los martes y jueves, así como los domingos; como manager para solventar los gastos del equipo principalmente en pago de arbitrajes, como ya les decía incluso como jugador y para solventar los gastos me daba la tarea incluso de arbitrar para con ello solventar los pequeños gastos que se generaban.
Los Campos que ocupamos como nuestra sede fue primeramente donde hoy se encuentra asentado el mercado de la Cruz y al que denominamos “Wembley” en recuerdo del estadio inglés que fue sede de la inauguración y final de la Copa Mundial de 1966, para después trasladarnos a donde ahora se encuentra el fracciinamiento Diligencia allá por el Colegio Marista del Dan a Javier y que posterior al mundial celebrado en Mexico le denominamos “México 70” en recuerdo de ese gran acontecimiento deportivo y finalmente nos trasladamos a un campo que habilitamos en donde ahora es la Secretaria de Salud y el seminario de los Operarios de Cristo, como préstamo que nos hizo Don Panchito Urquiza y que desgraciadamente al paso de los años fue adjudicado mediante un procedimiento de prescripción fue adjudicado a un tercero.
Ese paso por el fútbol llanero, me trajo tejer grandes amistades y una enseñanza que es el trabajo en equipo en todos los espacios de nuestra vida votifiana, ya sea privada o pública y que además identifica que el deporte es una gran escuela de fraternidad y paz.
Por ello ahora que nuestro país es sede de la inauguración del Mundial de Fútbol 2026 y algunos otros partidos en la ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, debemos aprovechar para reactivar esas grandes escuelas de paz y de fraternidad.
























