Jorge Gutiérrez de Velasco

Las cuatro fuerzas del largo plazo

Escribo estas líneas en el marco de WAGA 2026, la Asamblea General, Conferencia y Exhibición que organizan ACI World y ACI-LAC, y que este año tiene como anfitrión al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Es el encuentro más relevante de líderes aeroportuarios del mundo, y aunque cada quien llega con su propia agenda, en los pasillos todos terminamos conversando sobre lo mismo: cómo decidir hoy la aviación que operaremos en 2050. En nuestro caso ese proceso intelectual lo iniciamos hace varios años en el AIQ, el cual, afortunadamente, hemos empezado a materializar. Pero déjenme traer este martes a #DesdeCabina, la analogía respecto de los habilitadores o inhibidores de ese largo plazo, en mi punto de vista.

En su primera lección, todo piloto aprende que un avión vuela gracias al equilibrio de cuatro fuerzas: sustentación, peso, empuje y resistencia. Después de estos días estoy convencido de que la estrategia aeroportuaria de largo plazo obedece a la misma física.

La sustentación es el talento. Por primera vez conviven en nuestras organizaciones cuatro generaciones: quienes construyeron la aviación analógica y quienes nacieron con un teléfono en la mano y esperan propósito, flexibilidad y aprendizaje continuo. ACI World lo documenta en su más reciente reporte sobre gestión de la fuerza laboral en aeropuertos: escasez de habilidades y nuevas expectativas nos obligan a repensar cómo atraemos, formamos y retenemos. Lo aprendí desde la rectoría de la UNAQ: el talento no se improvisa, se diseña con años de anticipación. Hoy el reto es que la experiencia de unos y la intuición digital de otros circulen en ambos sentidos.

El empuje es la inteligencia artificial. Los aeropuertos ya la usan para anticipar flujos de pasajeros, optimizar la operación en plataforma y predecir mantenimiento. Pero el empuje sin control es peligroso, y por eso la industria ya discute marcos de uso seguro alineados con los sistemas de gestión de la seguridad operacional. La pregunta de fondo no es qué puede hacer la IA, sino qué decisiones seguirán siendo humanas y quién responderá por ellas.

El peso es la sustentabilidad, una carga que ya no se puede aligerar ni esconder. En 2022 la Asamblea de la OACI adoptó la meta aspiracional de cero emisiones netas de carbono para la aviación internacional en 2050, y en 2023 los Estados acordaron reducir 5% las emisiones hacia 2030 mediante energías más limpias. Para América Latina, donde los combustibles sostenibles siguen siendo escasos y caros, eso exige infraestructura, financiamiento y regulación que apenas empiezan a dibujarse.

La resistencia es el entorno: autoridades, aerolíneas, comunidades, cadenas de suministro y una geopolítica cada vez más volátil. Y aquí aparece, para mí, la lección más fina de Lima. La gestión exógena, la de reguladores, socios y vecinos, solo funciona cuando la endógena está en orden: procesos, cultura y gobierno corporativo. Ningún aeropuerto negocia bien afuera lo que no ha resuelto adentro.

América Latina y el Caribe es hoy una de las fronteras más dinámicas de la aviación, con cerca de 890 millones de pasajeros estimados por ACI-LAC para 2027. Esa oportunidad no espera a quien titubea. Desde el AIQ lo hemos vivido durante más de dos décadas: cada decisión de infraestructura, cada alianza educativa y cada ruta nueva fue, en su momento, una apuesta de largo plazo tomada con información incompleta.

Hoy vivo una certeza que comparto con los que me leen: la estrategia no consiste en elegir una de las cuatro fuerzas, sino en el oficio diario de equilibrarlas. El largo plazo no se pronostica, se vuela.

@Jorge_GVR

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