Jorge Gutiérrez de Velasco

El triunfo del abandono

Hay semanas en las que la agenda del equipo se convierte en un mapa de vuelos superpuestos: proyectos de infraestructura, mesas de vinculación institucional, indicadores que reportar, imprevistos que aterrizan sin previo aviso. Esta semana, viendo el calendario compartido del área, con más frentes abiertos de los que cualquier persona razonable podría atender con la misma intensidad, me hice una pregunta que quiero compartir hoy #DesdeCabina: ¿cuánto de esa carga es realmente nuestra, y cuánto es simplemente ruido que hemos decidido cargar? -debo de reconocer que soy especialista en esto último-.

Marco Aurelio, casi dos milenios atrás, escribió una distinción que sigue siendo la herramienta más afilada contra la sobrecarga: separar lo que depende de nosotros de lo que no. No es una invitación a la indiferencia -conviene aclararlo de entrada, porque la frase suele malinterpretarse-, sino una disciplina de enfoque. El emperador-filósofo no gobernó un imperio evitando el trabajo; lo gobernó decidiendo, todos los días, cuál era el trabajo que merecía su atención completa. Ese es el triunfo del abandono: no renunciar al esfuerzo, sino renunciar a la ilusión de que podemos -o debemos- controlarlo todo con el mismo peso.

En un equipo como el nuestro, esa distinción deja de ser filosofía de escritorio y se vuelve gestión pura. Cada proyecto -la habilitación de una nueva infraestructra, una mesa de conectividad aérea, la coordinación con una nueva aerolinea o un socio institucional- compite por el mismo recurso finito: nuestra atención. Cuando tratamos de sostener todos los frentes con la misma urgencia, no logramos más, logramos menos: la energía se diluye, las prioridades se confunden y, paradójicamente, terminamos por no darle a nada lo que en verdad necesitaba. He visto a colaboradores talentosos agotarse no por falta de capacidad, sino por la convicción -equivocada- de que soltar cualquier tarea era sinónimo de fallar. Y he aprendido, no sin resistencia, que decir “esto no lo voy a resolver yo hoy” no es debilidad de liderazgo; es la condición para que lo urgente no desplace a lo importante.

Esta lección se repite a cualquier escala. Las organizaciones -empresas, gobiernos, aeropuertos- que hoy enfrentan una sobrecarga de frentes simultáneos: digitalización, sostenibilidad, cadenas de suministro, presión regulatoria, no son las que hacen más cosas las que salen adelante. Son las que identifican con precisión quirúrgica qué merece el foco, y sueltan el resto sin culpa ni parálisis. La pertinencia, esa palabra que insisto en repetir en este espacio, no es otra cosa que la capacidad de distinguir lo esencial de lo simplemente posible.

Por eso, cuando reviso la agenda saturada de mi equipo, ya no procuro abarcarlo todo -aunque luego fallo…-. Busco qué merece nuestro mejor esfuerzo esta semana, y qué puede y debe esperar, delegarse o simplemente dejarse ir. No es abandono en el sentido de rendirse; es abandono en el sentido de Marco Aurelio: soltar lo que no depende de nosotros para sostener, con toda la firmeza posible, lo que sí depende. Es la misma disciplina que exige la cabina de un avión: no se controla el viento ni siempre el tráfico aéreo, pero sí la preparación y la decisión en cada instante que nos corresponde.

El triunfo no está en cargar con todo. Está en soltar lo que no es nuestro, para sostener con firmeza lo que sí lo es.

@Jorge_GVR

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