Estoy por iniciar un proyecto personal añorado por más de tres décadas -nunca es tarde para retomar los sueños-, para lo cual me sometí a una serie de exámenes médicos que me llevaron a las oficinas de la delegación de la Secretaria de Comunicaciones, Infraestructura y Transporte, muy particularmente a un área donde coinciden aquellos que aplican para licencias del medio de transporte público terrestre o carretero y el transporte aéreo.
La cantidad de personas, el entorno de por sí estresante de someterse al escrutinio médico y el personal de la dependencia me dieron una gran lección. De esto quiero platicar hoy #DesdeCabina, de todo lo que puede vivirse en un ambiento al que en muy raras ocasiones puede accederse y que, seguro, muchos desconocemos.
Esa mañana llegué con mi expediente listo para ser revisado e iniciar con las pruebas médicas; en el folder, además de documentos oficiales, se incluían algunos exámenes de laboratorio y los formatos necesarios para acceder al proceso. Después del registro en el acceso a la dependencia, ingresé como si nada por un pasillo aglutinado por más de una treintena de personas, todos entretenidos en una última revisión documental esperando a ser llamados. Me acerqué lo más que pude hasta el final del pasillo y un “Buenos días, ¿tiene cita?” detuvo mi avance hasta las oficinas. Después de tomar asiento de manera trompicada y con el nerviosismo de ser observado, inició mi proceso de revisión documental por la Sra. X, una quincuagenaria en exceso segura de sí misma y con perfecto dominio del proceso en su conjunto, se le veía totalmente acostumbrada al trato con aplicantes difíciles, nerviosos, inexpertos o una combinación de los tres, que se observaba por su trato que no afectaban ni su humor ni su actitud de servicio en exceso facilitador. La admiré de inmediato y me dispuse a librar la revisión de mi expediente.
Ya durante el intercambio y revisión de documentos, noté que se me quedaban viendo y resultó que me había saltado la fila olímpicamente, que no tenía algunas firmas de testigos de mi trámite y que me faltaban algunas copias. La Sra. X todo lo resolvió con excelente ánimo y actitud, y concilió con amabilidad con aquellos a quienes me había adelantado, me consiguió dos testigos que sin mayor tema firmaron para respaldar mi aplicación y con mucha generosidad todos, coordinadamente, me apoyaron y, lo más padre, es que esto sucedía con todos los que estábamos en uno u otro trámite.
No fue la intención de este martes #DesdeCabina reseñar un día de trámite cualquiera, pero no quería dejar pasar la oportunidad de compartir, hasta cierto punto, la inverosímil y gratificante escena matutina en la que personajes, procesos y funcionarios mostraron un gran ejemplo de generosidad, paciencia, servicio, compañerismo y sobre todo empatía hacia los demás; qué difícil es vivir hoy estas experiencias. Gracias México, sé que sigues ahí.

